10 jun. 2011

Villa Pueyrredón, ese cachito de Buenos Aires


(De Francisco Pelegrin)

Villa Pueyrredón es un barrio de Buenos Aires, pequeño, simple, alejado del centro. En la superficie de la Capital ocupa poco espacio y su historia es bastante nueva. A fines del siglo pasado, el escritor tradicionalista Manuel Bilbao en uno de los libros en que habla de la Capital Federal dice: “Villa Devoto está separado de Villa Catalinas –fundada en 1887, actualmente Villa Urquiza– por un despoblado”. El despoblado que menciona el autor es la futura Villa Pueyrredón que en aquel momento no existía.
Recién en el mes de abril de 1905 en el cruce de la calle Milán –hoy Condarco– se inaugura el apeadero del Ferrocarril Central Argentino –ahora General Mitre– llamado “Km. 14”. Llegó el ferrocarril con sus rechinantes caravanas y sus camellos de fierro de tracción a leña para pasar por ésta, que era una tierra de nadie. Los primeros vagones envueltos en sábanas de humo  parecían fantasmas en medio de ese territorio desolado. Desierto y nada, nada en ese desierto. En él el viento se hamaca, allí se queda; no vale la pena cambiar de lugar porque todos sus puntos son iguales. En los días claros todo es abandono y en las noches negras el vacío se agranda. De día nada se ve; en las noches largas sin faroles y sin ojos que miren, tampoco. No hay quién entre a él, tampoco ninguno que salga. Los soles ardientes del verano no queman y las lluvias torrenciales del invierno no mojan, porque las cosas sólo tienen realidad cuando alguien las ve, las siente, las usa, o las piensa.
Los primeros pobladores llegaron para convertir el “despoblado” de Balboa en un recuerdo. Seguramente a partir de ese momento los primeros habitantes construyeron sus humildes viviendas en los alrededores del paradero ferroviario. Desde un principio el trazado de sus arterias fue simétrico, salvo en las manzanas cercanas a las vías férreas, que se desplazan en diagonal, y que presentan aún un trazado irregular. Por entonces Pueyrredón todavía era un pedazo de pampa; un barrio que estaba naciendo. Pronto llegarían de lejos las gentes que en él iban a encontrar su sitio, y con sus risotadas y vozarrones, y con sus cómicos chapurreados gringos acabarían con el silencio.
El crecimiento debió ser rápido, mayor y creciente el número de pasajeros que empezaron a viajar en tren, porque en 1907 prolongaron el andén hasta la calle Sud América, hoy General Artigas. Poco tiempo más tarde, a la altura de Bolivia y Cabezón hicieron la boletería y entonces el humilde y provisorio apeadero se convirtió en estación. En lugar del modesto “Km 14” con que se lo identificaba, se le dio un nombre más acorde con su nueva jerarquía: Estación Pueyrredón. Don Enrique Pereda, fundador de la Junta de Estudios Históricos de Villa Pueyrredón, llegó a la conclusión de que 1907 es el año en que el barrio fue fundado.

Muchos de los primeros nombres que tuvieron nuestras calles con el tiempo fueron cambiando. Algunos eran apellidos que pertenecieron a expedicionarios que vinieron con Garay en la fundación de Buenos Aires; hasta la actualidad han perdurado algunos: Griveo, Escobar, Franco, Pareja y Vallejos.

Los primeros faroles que alumbraron las calles fueron alimentados a querosene; colgaban en postes de madera de tres metros de alto que estaban enterrados en las esquinas más importantes. El farolero, don Nicola, que vivía en Tequendama, actual Gabriela Mistral, y Condarco; con Jaime, su ayudante, en los atardeceres recorría las calles con una escalerita  y unas latas con combustible. Aparte del encendido hacía tareas de mantenimiento, como el de cambiar mechas y reponer los vidrios rotos por los piedrazas de los pibes. En Timbó y el pasaje 26 de Julio, hoy Carlos A. López y Joaquín Castellanos, vivía don Mamberto, que tenía en su depósito herramientas, postes y faroles de repuesto, mechas, vidrios, materiales varios y tambores para llenar las latas de combustible.

Los pocos vigilantes que tenía el distrito naciente andaban a caballo. Entre ellos, tal vez atraídos por la espectacular vestimenta, había italianos, españoles  y turcos. Hasta 1925 vestían uniforme azul, botines, polainas, cartuchera de cuero negro, casco tipo prusiano, revólver Colt 38, bastón blanco, dos silbatos: uno común y otro para llamadas de auxilio a un compañero en las noches de ronda.

La enorme propiedad que había sido la casa de veraneo del dueño de la cadena de bazares Bignoli, fue adquirida por una sociedad de beneficencia sirio-libanesa para ser destinada a hospital. La idea era que atendieran a la colectividad y también a la gente de la zona. En 1937 se inauguró con el nombre de “Hospital Sirio Libanés”, con entrada por Campana al 4600. La ceremonia, de la que fue padrino el presidente de la Nación, general Agustín P. Justo, fue todo un acontecimiento.

Promediando la década del 30 el barrio ya tenía forma. Las calles más transitadas estaban llenas de pequeños negocios. Había escuelas, sociedades de fomento con sus bibliotecas, varias iglesias y un cine. La avenida América, hoy General Mosconi, las calles Sud América y Nazca y la avenida Nacional, actualmente Salvador María del Carril, estaban adoquinadas, las demás, en su gran mayoría, eran de tierra.
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Imagen: Escudo de Villa Pueyrredón.