10 dic. 2014

Antequera y Mompox: dos cortadas que se cortan



(De Silvia  Long-Ohni)

Justo en el límite entre los barrios de Parque de los Patricios y Constitución, a la altura de Entre Ríos y Brasil, aparecen dos cortadas cortas que se cortan y… una cabeza cortada: Antequera y Mompox.
Antequera remata en Solís y sale a Entre Ríos. Mompox remate en Brasil y sale a Juan de Garay y las dos tienen apenas dos cuadras de extensión, cuadras cortitas, empedradas, escasamente transitadas, como lo delatan los mojones de yuyitos que brotan verdes entre las juntas. Casa bajas, viejas, alguna empalizada que augura una cercana demolición, una entrada o salida de albergue transitorio y, por ahí, como extranjero, algún edificio de propiedad horizontal, pero más allá de esto, podría decirse que la soledad, el silencio y la oscuridad son sus habitantes.
Pocos son los tacheros que conocen estos nombres y sus extrañas referencias y pocos los valientes que se atreven a meterse a altas horas de la noche aun cuando peligro, no hay ninguno. Sólo se trata de un par de cuadritas donde van los perritos que tienen perdida la fe.
Nada grave, salvo la historia. En 1717, la población asunceña se convierte en la primera colonia en reclamar por la ilegalidad del mandato del gobernador Diego de los Reyes Balmaceda, quien, amparado en la anormalidad, comete todo tipo de abusos. Los maltratos, que estaban dirigidos principalmente a la comunidad de indios payaguáes, llegaron a oídos de la Audiencia de Charcas, la que le ordena a Reyes Balmaceda la renuncia al cargo y la libertad de los apresados, pero como Reyes Balmaceda no claudica, la Audiencia envía, como jurisconsulto, a José de Antequera y Castro, quien prueba los cargos contra el gobernador.
José de Antequera y Castro, de ilustre linaje, nació en Panamá el 1º de enero de 1689. Estudió jurisprudencia en la Universidad de San Javier, en Panamá y residió en España por varios años. En 1721 lo encontramos ya como  juez pesquisidor en Paraguay y, casi de inmediato, como gobernador de Asunción luego de la destitución de Reyes Balmaceda.
Con Antequera a la cabeza, los asunceños formularon graves cargos contra los jesuitas quienes recurrieron al virrey del Perú, que los amparaba en tanto que la Audiencia de Charcas operaba a favor de Antequera y los comuneros. Pero el virrey del Perú depone a Antequera y esto genera un levantamiento de los asunceños al mando de Antequera y Juan de Mena, entre otros. El resultado fue la expulsión de los jesuitas del Paraguay. Pero el triunfo duraría poco.
El nuevo virrey del Perú, Marqués de Castelfuerte envía al Paraguay a Mauricio de Zavala con la consigna de apresar a Antequera y nombrar nuevo gobernador. Pero Antequera logra escapar, llega hasta la Audiencia de Charcas y luego es derivado al Perú, donde se le inició un proceso que duró seis años. Allí, en prisión, conoció a Fernando de Mompox y Zayas, abogado, supuestamente nacido en Asunción, a quien convenció de sus ideales.
Mompox logró escapar de la cárcel en 1730, se dirigió al Paraguay, donde se unió a los comuneros y logró con ellos imponer el “poder común”, pero fue apresado en 1731 y enviado a Buenos Aires con el objetivo de devolverlo a Lima, ciudad a la que nunca llegó porque, desde Cuyo, logró fugarse y recalar en Brasil, donde se le perdió el rastro.
Entre tanto, el juicio contra Antequera y Juan de Mena concluyó con una sentencia a muerte que se ejecutó en 1731. Así fue como a Antequera le cortaron la cabeza en la Plaza de Armas de Lima, en medio de una trifulca en la que también fallecieron dos religiosos franciscanos. Su principal premisa había sido que el pueblo tenía derecho a elegir a sus gobernantes en el caso de que el gobernador no cumpliera correctamente con sus funciones.
La Revolución Comunera (1721-1735) fue definitivamente aplastada por un ejército de indios y soldados del Plata comandado por Zavala. La represión fue durísima: ejecuciones y destierros, las viviendas de los comuneros, incendiadas y sus tierras, sembradas de sal y, para más, se prohibió hablar del asunto y reunirse en junta. Esta revolución liderada por Antequera y Mompox fue considerada como la inmediata antecesora de las revoluciones de América del Sur.
Sólo queda por decir que Mompox, mientras estuvo preso, escribió con su sangre en las paredes de su celda la ya legendaria frase: “El pueblo unido jamás será vencido”.
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Imagen:"El pueblo unido jamás será vencido", frase de Fernando de Mompox y Zayas.