16 may. 2011

El Hotel de Inmigrantes


(De Miguel Ruffo)

En enero de 1911, el edificio en el que hoy funciona el Museo Nacional de la Inmigración, en Retiro, se inauguraba como Hotel de Inmigrantes. Una referencia ineludible en la historia de la conformación étnica de millones de familias argentinas.

La inmigración europea masiva es una de las variables constitutivas de la Argentina moderna. Dice Ema Ciboti que “hasta 1910 se radicaron en la Argentina 1.000.000 de italianos, 700.000 españoles, 90.000 franceses, 70.000 rusos (en su mayoría de origen judío), 65.000 de origen árabe, 35.000 centroeuropeos, 20.000 alemanes y un número muy inferior de portugueses, belgas y holandeses”. Una de las instituciones vinculadas al proceso inmigratorio fueron los hoteles de inmigrantes. El último y definitivo Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires fue el inaugurado en enero de 1911. Ya la ley de Inmigración y Colonización, sancionada durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, el 6 de octubre de 1876, decía en su artículo 42: “En las ciudades de Buenos Aires, del Rosario y demás donde fuere necesario, a causa de la afluencia de inmigrantes, habrá una casa para el alojamiento provisional de estos”.
“Hasta 1870 –señala Andrés Carretero– las autoridades orientaban a los inmigrantes a que residieran, temporal y precariamente, en locales ubicados en la zona de la Recoleta y la Chacarita. Sin embargo, el permanente aumento de los ingresos produjo la necesidad de alojar tanto a los hombres solos como a las familias en un lugar más cercano a la administración y a los centros relacionados con la producción que demandaban mano de obra de manera creciente. En el original Asilo de los Inmigrantes de 25 de Mayo y Corrientes se proveía a los recién llegados de alojamiento y comida gratuita, por un tiempo breve, que expiraba ni bien encontraban ubicación. En 1898 se gestionó la construcción del Hotel de Inmigrantes y en 1907 se entregó el edificio para el alojamiento inicial. Las obras se concluyeron recién en 1911. Tenía cuatro grandes cuerpos, que albergaban la Administración y las 1000 camas de hotel. Tenía instalaciones sanitarias completas con agua caliente y fría, sala de lectura con biblioteca y cartografía, hospital y dependencia para el personal que atendía a los inmigrantes”.
El Hotel de Inmigrantes nació con la construcción del nuevo desembarcadero, en la zona de Retiro, adonde llegaban grandes contingentes migratorios. El desembarcadero se terminó antes que el hotel. En 1907 se lo entregó al Ministerio de Agricultura, como una sección del mismo. La presencia de este ministerio revela que aún en esta etapa avanzada de la inmigración la misma continuaba, en teoría, relacionada con la colonización. Pero ya para estos años la política inmigratoria era uno de los instrumentos para la proletarización, y sólo una parte mínima de los extranjeros que arribaban a Buenos Aires accedía a la tierra como propietario, arrendatario o aparcero. La mayoría se concentraba en los centros urbanos. Allí constituyeron las clases proletarias y medias modernas.
En 1909 se construyeron los edificios de la enfermería, los lavaderos y los baños. Sólo un tercio de las obras proyectadas habían sido concluidas para ese año. En 1911 terminaron librándose para su uso público. Dicen De Eguilor y Valdes: “La inauguración se llevó a cabo con la presencia del presidente de la Nación, Dr. Roque Sáenz Peña; el vicepresidente, Dr. Victorino de la Plaza; el ministro de Agricultura, Dr. Indalecio Gómez, y demás autoridades civiles, militares y eclesiásticas”.
Debemos analizar el destino de los hoteles de inmigrantes en función de la política inmigratoria en su conjunto. Inicialmente la ideología de la inmigración se relacionaba con la colonización agrícola. El hotel no era más que un establecimiento transitorio donde el inmigrante se interiorizaba de las posibilidades que se le ofrecían para trasladarse a una zona rural. Pero la concentración de la propiedad de la tierra (latifundios) dificultó el acceso del inmigrante a ella, y los nuevos contingentes que arribaban se radicaban en Buenos Aires, Rosario, La Plata y otras ciudades.
Los hoteles continuaron siendo transitorios, pero ya no como etapa previa a su traslado a una zona rural, sino como lugar desde donde conseguir un empleo y habitación urbana definitiva. De Eguilor y Valdes nos informan que “en los primeros cuatro años (1857-1860) solamente el 3,03% de los inmigrantes hizo uso de las instalaciones de la calle Corrientes 8, por desconocimiento o por las malas condiciones higiénicas o por la ayuda de connacionales que habían inmigrado anteriormente”. En los años posteriores se incrementó el número de inmigrantes que utilizaban las instalaciones de los hoteles para 1871-1880 fueron el 32,8%, para 1881-1890 el 49,78 %, para 1891-1900 el 43,01%, para 1901-1910 el 47,12% y para 1911-1920 el 39,76%.
Los inmigrantes que no tenían adónde ir después de su arribo podían alojarse en el hotel hasta cinco días; en el mismo se podía preparar comida para 5000 personas. En 1911, año de su inauguración, se alojaron en el hotel 58.597 hombres, 18.515 mujeres y 21.265 niños.
El Hotel de Inmigrantes funcionó hasta 1952. En 1983 surgió la iniciativa de transformarlo en un museo, pero esta idea no se puso en marcha hasta 1997. Desde entonces, el Museo Nacional de la Inmigración (tal es su denominación actual), situado en avenida Antártida Argentina 1355, se encuentra abierto al público.
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Imagen: Interior del Hotel de Inmigrantes hacia 1912.
Material tomado del periódico Trascartón.