28 nov. 2011

Luz en el pasaje De la Piedad


(De Luis Alberto Ballester)

Es un pasaje luminoso, sumido en un silencio de mínimo viento, con dos entradas. De la pared cuelga un viejo letrero, invadido por palabras de un desvaído celeste: Pasaje de la Piedad - Salida para carruajes".
Se tiende en Bartolomé Mitre al 1500, casi rozando la iglesia de la Piedad, iluminado por una luz y un silencio casi místicos. La leyenda afirma que perteneció a la familia Gramajo: su antigüedad supera los cien años...
En la calle interior del pasaje se guarece una expresiva hilera de casas, que se ahonda en tres entradas, de las que brota una oscuridad de gruta. Su forma se aproxima a la de una detenida marquesina, dibujada por la incesante rotación de las estaciones. Columnas dóricas la sostienen, de un ocre pálido, de un rosa intenso. La ornan círculos misteriosos, arpas que resuenan con una exacta nostalgia.
Una verja de hierro hiende el espacio, germina un silencio colmado. Plantas burlonas ondean sobre el techo de estas diminutas entradas, y su sonido es un alarido, y su ruido una lenta carcajada vegetal. Cavernas umbrías originan las plantas de sombra en los pequeños jardines, que explayan el frente de las casas. Gomeros y geranios se confunden en esta apartada selva.
Al lado de las casas cabecean árboles con impensada gracia cortesana. De pronto centellea en la fachada de ladrillos de una casa coronada por una banderola, con un brillo de agua.
Las puertas de las casas son de madera, nobles. En los edificios fronterizos fulgen altos vitrales, en los que a vecen brotan el violeta o el azul. Arriba, ventanitas que hablan un lenguaje interior.
En su antepecho surgen plantas que el cielo torna transparentes. Una pausada calma invade al paseante, y algo innominado y feliz nace, como el distante resplandor de la plenitud.
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Imagen: Cartel en el pasaje De la Piedad.
Tomado de Revelación de Buenos Aires, de L. A. B. (Torres Agüero editor, Bs. As. 1985)

25 nov. 2011

Borges, Antonio Carrizo y el teléfono


(De Mario Tesler)

Borges el memorioso, tal es el título del libro que, impreso en Buenos Aires, publicó hace algunos años la editorial Fondo de Cultura Económica.
Esta obra está integrada por una serie de pulcras entrevistas, efectuadas a Jorge Luis Borges en el año 1979, para el programa La vida y el canto, que se emitía por Radio Rivadavia. La obra esta dividida arbitrariamente en capítulos y cada uno de ellos contiene una entrevista.
La tarea estuvo a cargo del versado locutor Antonio Carrizo. No sin esfuerzo, éste permitió al reporteado que se extendiera sin mayores interrupciones. Aunque esto es lo que comúnmente debiera ocurrir, en estas épocas de anormalidades no deja de sorprender.
Además el diálogo aparece en un todo espontáneo, menos en lo que se refiere a las preguntas, para cuya formulación se advierte un elaboración previa y muy cuidada.
Más que diálogos entre periodista y entrevistado, es decir más que una comunicación entre ambos, se trata de un monólogo. En este caso la labor del locutor no alteró el objetivo primordial de las entrevistas, que era dar a conocer algunos pensamientos de Borges, es decir difundir sus reflexiones y opiniones en torno de un conjunto de temas.
De ahí el acierto de Carrizo al manifestar en una nota explicativa que se trata de entrevistas. El término diálogo se suele emplear en casos similares, pero lo cierto es que deber ser aplicado cuando por lo menos se da una compenetración entre emisor y receptor. He aquí un aspecto de la diferencia entre comunicación y difusión.
Esta obra es la versión impresa de un monólogo de Borges, de un muy extenso monólogo. La intervención de Carrizo, como la mayoría de las acotaciones del diplomático y periodista Roy Bartholomew, sirven de pie para que él incursiones, sin interrupciones sacrílegas, en una crítica nada indulgente y en una autocrítica ¿ por qué no reconocerlo? exenta de complacencia.
La diversidad de temas tratados por Borges, las anécdotas aportadas, los comentarios marginales que va realizando, en el pasar de los diez encuentros mañaneros, convierten al libro en una aproximación autobiográfica; es un informe sobre él y los de su época. El libro contiene una suma de recuerdos y omisiones.
Los comentarios y opiniones sobre sus trabajos, el análisis de las décadas pasadas (a veces sintetizado en una escueta oración), complementarias reflexiones atemporales, proponen un sólo marco geográfico posible: la ciudad de Buenos Aires.
La lectura de estas entrevistas, en algunos momentos, es tediosa, pero revela una grabación magnetofónica respetada, sin correcciones posteriores. ¡Claro!: se trata de quien estaba acostumbrado, por desgracia, a dictar con buen estilo.
En tanto al lector recorre las páginas van apareciendo los nombres de muchos que también otros citan en sus memorias o en sus autobiografías. Lo destacable consiste en ciertos aspectos ignorados o poco conocidos, que otros se han cuidado bien en revelar.
Como corresponde a todo buen escritor, no faltaron alusiones a los medios auditivos y audiovisuales, es decir a la radiotelefonía, la televisión y otros males de nuestro tiempo, como lo manifiesta Borges  en la Segunda mañana.
Sería injusto omitir que en el contexto de las diez entrevistas, todo lo dicho por Antonio Carrizo no es mero y constante complemento. La muy perdida reflexión, por ejemplo, con la cual inicia uno de los encuentros mañaneros es, hasta hoy, la más sencilla y atractiva tipificación de la función del teléfono que he recogido. De manera depurada graficó la esencia de ese medio de comunicación. En esto Borges colaboró pero la idea surgió de Carrizo.
La cuarta entrevista se inició así:
Carrizo: ¿Cuándo usted era chico había teléfono en su casa?
Borges: Sí. Nuestro número era... Creo que era Palermo 47.
Carrizo: Sí. El primer teléfono se lo pusieron a don Bernardo de Irigoyen, y siempre se me ha ocurrido que era un teléfono inútil, porque el teléfono necesita un par, otro...
Borges: Desde luego
Carrizo:... para poder hablar con él.
Borges: Se necesita la dualidad
Carrizo: Por un rato ese teléfono fue teléfono inútil, porque era solo.
Carrizo no acertó en la referencia histórica. Es cierto. Pero no hizo más que reiterar lo que muchos historiadores aceptaron sin molestarse en corroborar.
Además la gran difusión existente de esta afirmación pone en evidencia lo poco que preocupó averiguar la importancia de ese hecho en relación con el objeto de la comunicación, no ya desde la óptica filosófica sino en su faz técnica.
En materia de investigación histórica, sus cultores acostumbran a entablar reñidas competencias por el hallazgo y tratamiento de todo pormenor referente al primero, al inicio, en cualquier tema. Quien primero habla del primero es tradicionalmente merecedor de doble alabanza (Si acierta, el mérito se triplica).
Entonces se comprende que por deformación profesional no se haya exceptuado a la telefonía como tema, excluyéndola por la particularidad de su función.
Quienes están apartados convenientemente de la historiografía y adentrados en las comunicaciones, tampoco advirtieron la particularidad del caso. Todo lo cual redundó en beneficio del error.
Además de repetir las inexactas referencias, sobre la instalación del primer aparato telefónico, nadie se ocupó en conocer lo ocurrido con el segundo; sin el cual la comunicación no hubiera sido posible, al no darse el vínculo intersubjetivo.
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Imagen: Antonio Carrizo y Jorge Luis Borges. (Foto tomada de lakbzuhela.blogspot.com)

24 nov. 2011

El canillita


 (De Néstor Pinsón)

Hubo que esperar hasta 1904 para que el vendedor de diarios callejero tuviera el nombre de "canillita".
El 11 de enero de 1868 el Dr. Manuel Bilbao produjo un hecho que bien puede considerarse revolucionario para el periodismo. Hasta esa fecha los diarios llegaban a sus destinatarios por suscripción, a través del correo o bien se los compraba en la misma imprenta. Pero a partir de entonces, cuando aparece el diario La República, fundado por el propio Bilbao, junto a Alejandro Bernheim, se sorprende el ciudadano al escuchar por primera vez en las calles céntricas las voces de algunos muchachos pregonando: ¡La República, a un peso! Y no sólo aparece el vendedor ambulante de diarios, sino también el impacto de una importante rebaja. El éxito fue notable y rápidamente imitado por los colegas. La innovación trascendió las fronteras, llegando incluso a Francia.
Lentamente se fueron instalando puestos callejeros fijos y rápidamente creció el número de muchachos ágiles y resistentes para correr las calles ganándole al tiempo, para dar cuanto antes el impacto de las noticias, muchas veces exageradas o a medias inventadas. Los muchachos vieron copada su actuación con la abundante presencia de niños; época de miseria, de falta alarmante de puestos de trabajo y los pequeños daban la posibilidad a tantas familias de tener unos centavos más de ingresos. Además eran requeridos porque eran más rápidos y arriesgados que los de mayor edad.
Subir y bajar velozmente de los tranvías –su vehículo por excelencia–, dejar uno para abordar de inmediato otro, sin importar el rumbo que llevaban y valiéndose exclusivamente de su olfato para la venta.
Un nuevo personaje se había incorporado al paisaje de la ciudad de Buenos Aires, que rápidamente se extendió a las ciudades del interior del país. Pero el vendedor de diarios callejero no tenía aún un nombre que lo distinguiera de manera especial. Para ello hubo que esperar hasta el año 1904.
La palabra "canilla" deriva de la palabra latina "canella", que es el diminutivo de "canna", caña, en español. El diccionario define el término: "canilla es el hueso largo de la pierna e incluso de los brazos".
El 17 de enero de 1875 nace en Montevideo Florencio Sánchez.
Desde los 16 años se dedica al periodismo en distintos medios uruguayos y siendo aún muy joven decide que su futuro está en el teatro, sueña con ser autor.
Llega por primera vez a Buenos Aires en el año 1892, trabaja en La Plata como escribiente, en esta ciudad hace sus primeras obras. En 1902 viaja a Rosario, para asumir como redactor en el diario La República, fundado por Lisandro de la Torre.
El ambiente periodístico lo inspira y escribe una pieza teatral, una pequeña obra de un acto con tres cuadros. El personaje principal es un niño vendedor de diarios. Le faltaba el título, pero lo conmueve uno de los vendedores rosarinos de piernitas muy delgadas. Espontáneamente, le surge la palabra "canillita" y así denomina su obra.
Una compañía española dedicada a las zarzuelas, la de Enrique Lloret, accede a ponerla en escena. Se estrena el 1º de octubre de 1902. El rol principal lo desempeña la "tiple" del conjunto una tal señora Iñiguez, conforme surge del elenco publicado en el programa. "Tiple" se denomina a las más agudas voces humanas, propia de las mujeres y los niños.
La obra tiene buena acogida, tanto que se representa doce noches seguidas. En aquella época, Florencio padecía urgencias de dinero, vivía casi en la miseria, además aspiraba a casarse con su novia de siempre, a quien finalmente hizo su esposa.
En 1903 conoce al actor y empresario Jerónimo Podestá, quien le estrena su título M'hijo el Dotor, que tuvo un gran éxito. A raíz de este suceso se anima a proponerle a la compañía presentar en Buenos Aires su pieza de un solo acto Canillita. En aquel entonces no existían niños actores, pero sí mujeres jóvenes con las condiciones para interpretar a un niño. La elegida fue la luego famosa actriz Blanca Podestá.
La repercusión de Canillita supera lo esperado. Las críticas son altamente elogiosas. Los "diarieros" se identifican totalmente con el nombre. Entonces, de común acuerdo con los artistas, se propone una función gratuita para todos los vendedores de periódicos. El acontecimiento sucede en el Teatro Comedia, aquel de la calle Carlos Pellegrini, entre Cangallo y Cuyo (en la actualidad Tte. Gral. Perón y Sarmiento). La cita es un domingo a las dos y media de la tarde. La concurrencia excede la capacidad de la sala y festeja ruidosamente los versos sencillos de las partes cantadas e intenta intervenir cuando la policía se lleva preso al "canillita". Aún no distinguen entre ficción y realidad, como en tiempos pasados ocurriera con las representaciones de Juan Moreira.
Florencio está enfermo de tuberculosis, tiene un dinero ahorrado y viaja a Europa. Pero, igual que en el tango, su cuerpo enfermo no resiste más. Fallece el 7 de noviembre de 1910. Años más tarde ese día es consagrado "El Día del Canillita", en homenaje al querido Florencio Sánchez.
Hay otros datos que intentaron explicar el significado de la palabra, alguno de ellos provenientes de la imaginería popular, según los casos. Se dijo que el apodo había nacido cuando alguien observó en invierno a los pibes con las narices chorreando como una canilla.
En el año 1957, en una carta de lectores publicada en el diario La Nación, un señor uruguayo, antiguo distribuidor de diarios, se consideraba el creador del término. Recordaba en la misiva que a fines del siglo XIX tenía un chico vendedor, hijo de una tal María Canilla. En ocasión de tener que llamarlo desde cierta distancia y no conociendo su nombre, gritó "Canillita", luego se corrió la voz para todos los muchachos diarieros.
Un par de notas periodísticas publicadas años atrás historian la vida de María E. de Ísola, conocida en su época como la "China María", quien falleció en 1934 a los 82 años de edad. Fue considerada la primera mujer vendedora de diarios, siempre establecida o rondando la esquina de Rivadavia y 25 de Mayo.
Florencio Sánchez en su obra Canillita, con sencillez poética, traza las características del personaje cuando en el primer cuadro hace su aparición en escena y se pone a decir:

Soy canillita
gran personaje
con poca guita
y muy mal traje.

Algo travieso
desfachatado
chusco y travieso
gran descarado.

Soy embustero
soy vivaracho
y aunque cuentero
no mal muchacho.

Muy mal considerado
por mucha gente,
soy bueno,
soy honrado.

No soy pillete
y para un diario
soy un elemento
muy necesario.

El segundo cuadro comienza con un "pasacalle". Así se denomina en el género chico español, cuando delante de un telón corto o secundario, se desarrolla una escena musical mientras se da tiempo para el cambio de vestuario y escenografía. Son cinco cuartetas entonadas por varios chicos, las interesantes son las primeras tres:

Vendemos los diarios
en esta ciudad
por calles y plazas
boliches y bares...

La Nación, La Prensa,
Patria y Standard
se venden lo mismo
que si fueran pan.

Llevamos nosotros
la curiosidad
por diez centavos
que el público da.

El cine no estuvo ajeno al tema. El 26 de junio de 1936 se estrenó el film Canillita, con los actores Gregorio Cicarelli, Benita Puértolas (madre del recordado conductor de televisión Héctor Coire), Lopecito y las cantantes Amanda Ledesma y el Príncipe Azul. La orquesta de Pedro Maffia interpreta el tango homónimo compuesto por Julio César Sanders y Daniel López Barreto, con letra de César Vedani.
El día 8 de junio de 1938 se produce el estreno del film El canillita y la dama con Luis Sandrini y Rosita Moreno, dirigida por Luis Amadori.
El tango, como era de esperar, generó muchas obras sobre el tema y con el mismo título.
Aparte del nombrado, existen otros tangos Canillita: uno compuesto por Carlos Pibernat, grabado por Julio de Caro; otro de Francisco Canaro, quien primero lo grabó con su orquesta el 31 de marzo de 1936 y luego con su quinteto Pirincho, el 19 de diciembre de 1956. También lo registró en 1978 el Cuarteto Centenario.
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Imagen: "Canillitas" en Buenos Aires circa década del 30 del siglo pasado.
Nota tomado de la página Buenos Aires Sos,  abril de 2007.

22 nov. 2011

Jorge Larroca


(De Otilia Da Veiga)

Jorge Larroca había nacido en Buenos Aires el 31 de agosto de 1930. Alrededor del año 1963 se afincó junto a su mujer Alicia Baudrix, en el departamento del 4to piso del edificio sito en la calle Constitución al 1800, casi esquina Combate de los Pozos y, de inmediato, se interesó por la rica historia del barrio de San Cristóbal.
Atraído por las manifestaciones populares  de la vida porteña, pronto comenzó el estudio minucioso y sistemático del pasado cristobaleño, que culmina con la edición del primer libro: “San Cristóbal el barrio olvidado”, hoy inhallable en las librerías de Buenos Aires.
Ideológicamente comprometido con el peronismo, fue hombre de gran entereza espiritual, lo cual le permitió superar momentos aciagos de su vida, mereciendo por ello el aprecio de sus colegas y de quienes tuvieron la oportunidad de tratarlo.
La Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal, creada después de su muerte a instancias de su viuda y de sus amigos, lo hizo su Patrono.
Fue historiador, conferencista, periodista, autor de varios libros, recordamos “Entre cortes y apiladas” un ensayo sobre los tangos de prosapia burrera, “Rieles de lucha” en colaboración con Armando Vidal entre otros títulos de ensayos y artículos periodísticos, pero por sobre todas las cosas fue una personalidad sensible y un hombre de bien.
Amante de la música, solía distenderse ejecutando tangos en el piano y hasta compuso la letra de una milonga dedicada a San Cristóbal, musicalizada por Sebastián Piana que lleva el sello de la editorial musical Korn y que transcribo:

Parroquia de San Cristóbal
lejano arrabal del sur
La estampa del Padre Arenas
se ve en la calle Jujuy
Allá por Garay galopa
su drama don Juan Manuel
la mano herida en Caseros
la Patria herida con él.

Veredas que traen memorias
prendidas de algún ayer,
la luna en Pichincha asoma
recuerdos que hacen doler.
Romance de amor perdido
silencio de algún balcón
dolor que lloró el olvido
de aquello que se alejó.

Cortada cordial de Oruro
por donde pasaba el tren
Compinche de aquella esquina
ladina, del almacén.
Frontón de paleta vasca
lugar donde Leandro Alem
alzó con su barba blanca
la insignia del tiempo aquel.

Romance de San Cristóbal
con versos de corralón
de Greco, los “Ojos negros”
embrujo del milongón...
Misterio del barrio antiguo,
paisajes que ya no son.
Nostalgias que nos envuelven
con penas el corazón.

Adiós que lloró el mentido
“te quiero” que fue traición.
  
Falleció en el año 2000 a la edad de 70 años en el mismo barrio que eligió para vivir.
Y como de los hombres lo único que perdura es su obra, es por la suya que estará presente en nosotros por mucho tiempo.
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Imagen: Jorge Larroca (Fotografía tomada de su libro: San Cristóbal el barrio olvidado).

21 nov. 2011

Un episodio del 90


(De Ricardo M. Llanes)

En la Segunda Invasión Inglesa (28 de junio de 1807), en que las fuerzas invasoras desembarcan en la ensenada de Barragán, las columnas del ala izquierda, al mando del general Samuel Auchmuty, ya en horas de la mañana del 5 de julio salen desde los Corrales de Miserere (actual plaza de este nombre) y avanzan por las calles Paraguay, Charcas y Juncal, no así por la entonces llamada “calle Estrecha” (Santa Fe), hasta copar la plaza del Retiro, donde se levantaba el ruedo taurino, y en ella se libra el más heroico y sangriento de los combates, cayendo entre muchos otros el teniente de navío Cándido Lasala, sobre el mismo terreno que hoy configura, sobre la plaza, el camino delineado de la avenida Santa Fe. Ochenta y tres años más tarde (26 de julio de 1890), al estallar la revolución cívico-militar contra el gobierno que presidía el doctor Miguel Juárez Celman, la calle Santa Fe ofreció para la acción de un acto tan rápido como sorpresivo, el escenario primero de la sangre y el horror.
El doctor Juan Palestra –que es quien con claro conocimiento de los sucesos los ha relatado en su libro El Noventa, pues, él lo expresa, “vi los hechos de cerca y hasta podría decir que de ellos pars parva fui”, relata lo siguiente: “Poco después llegaba a Santa Fe y Cerrito la columna de Levalle (1). Allí tuvo que hacer alto para dar paso al 11º de Caballería, que, con el coronel Suspisiche, el coronel Leyría y el comandante Morosini al frente –tres centauros–, venía galopando impetuosamente por Santa Fe y dobló al norte por Cerrito, rumbo al Retiro. En el camino lo alcanzó un ayudante, indicándole esperar órdenes en Santa Fe y Callao. Al regresar el 11º por la calle Santa Fe, varios cantones y las baterías que acababa de ubicar Day (2) a lo largo de la calle Talcahuano, rompieron el fuego. La bocacalle quedó cubierta por un montón de 30 o 40 hombres, muertos y heridos, y más de 50 caballos destrozados. Leyría, con sus oficiales y tropa, no parecieron reparar en el estrago, y alzando en ancas a los desmontados y heridos que pudieron subir, siguieron a galope tendido hasta Callao y Santa Fe, donde echaron pie a tierra, inflamados y rugientes”.
Y una noche del año 1968, en el Café (ya desaparecido) de la esquina sudeste de Santa Fe y Talcahuano, en tanto yo le recordaba este episodio a mi inolvidable amigo el señor Roberto F. Grillo, entonces con residencia en el número 1291 de la ya llamada “Gran Vía del Norte”, se me ocurrió decirle esta cuarteta, en el instante improvisada, y que recité en homenaje de la calle Santa Fe y del episodio que dejamos relatado: “Lo mismo se muere aquí/ que en el campo de batalla:/ pues la bala cuando estalla,/ hiere y mata como allí.”
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(1) El general Nicolás Levalle era entonces ministro de Guerra y Marina.
(2) El artillero mayor Ricardo A. Day, era el jefe del Regimiento 1º de Artillería, cuyo mando se le había confiado.

Imagen: Revolucionarios de la Unión Cívica durante la Revolución del Parque o del 90.
Tomado del libro de R. M. Ll. Biografía de la avenida Santa Fe.

20 nov. 2011

Calle Florida, caótica y eterna


 (De Verónica Camaño)

Hace doscientos años Florida era la primera y única calle empedrada de Buenos Aires.  No había casi nada alrededor.  Salvo su propósito: lo más importante era que su recorrido culminara en la plaza de los toros de la ciudad donde hoy está el Monumento al General San Martín y a los Ejércitos de la Independencia.  El tiempo convirtió a ese sendero en una calle comercial que supo reinventarse a lo largo de los años.
Pasó del esplendor y el glamour de la primera mitad del siglo XX a la peatonal caótica que es hoy, sin dejar de ser una gran usina de dinero.  Según un informe de la consultora Colliers Internacional, sigue siendo la zona comercial más cotizada de Buenos Aires y es la segunda más cara de Latinoamérica detrás de la calle Oscar Freire, en San Pablo (Brasil).
A la mañana es invadida por los primeros oficinistas que ya caminan a paso ligero, hábiles frente a cualquier obstáculo.  El olor a garrapiñada empieza a surgir en las esquinas y las burbujas de detergente explotan en las narices de algunos mientras que los "manteros" comienzan a acomodar su mercadería, desde pantuflas gigantes a juguetes viejos, artesanías del norte y cuadros hechos en cinco minutos con aerosol.  Están, además, los lustrabotas, los artistas callejeros, algunos vendedores de shows de tango y muchos brasileños.  850 mil personas caminan sus veredas diariamente y conviven con el resto de la fauna de la calle Florida las 24 horas del día.  Pero la convivencia funciona cada día peor.
"En el 1900 la calle Florida empezó a recibir a grandes comercios como la instalación de las Galerías Bon Marché, Harrods y la tienda Gath & Chavez.  Esto fue convirtiendo a Florida en la gran arteria comercial de la ciudad y se fue consolidando hasta que se convirtió en la primera peatonal en 1971", cuenta el historiador Eduardo Lazzari, que relaciona a esta calle porteña con la alta burguesía terrateniente local.
Cuarenta años después de esa época de esplendor, Walter, uno de los dueños de Moyano Propiedades, una inmobiliaria ubicada en las galerías Vía Florencia, sostiene que el precio de las propiedades sigue siendo muy alto y que a medida  que la numeración se acerca a la Plaza San Martín, el metro cuadrado de las propiedades aumenta desde los mil hasta los 3 mil dólares.  "A muchas marcas nacionales e internacionales que quieren mantener el estatus les resulta más barato alquilar un local que tenga el cartel de su marca a la calle que pagar una publicidad", asegura el inmobiliario quien ve que, si bien es la peatonal más importante del país, sigue siendo barata comparada con otras en el mundo.

TODOS CONTRA TODOS
Un día de sol al mediodía puede ser interesante caminarla.  Inagotables estímulos visuales, vidrieras al por mayor, música y arquitectura urbana que deleita a los amantes de las ciudades de todo el mundo.  Pero detrás de los atractivos de Florida, se encuentra el agobio de quienes tienen que pasar todos los días por ahí.  En mayor y en menor medida, las quejas hablan de inseguridad, que nadie hace nada para evitarlo y de abandono.  Dicen que perdió la elegancia y la formalidad.  Los manteros son más criticados que los ladrones.  Y están presentes pese a la disconformidad de los comerciantes que atribuyen a su existencia la pérdida de hasta un 40% de sus ganancias por la venta ilegal y la competencia desleal.  "Tenemos ordenanzas y leyes que nos amparan, pretendemos la no ocupación del espacio público mediante la acción organizada.  Esto tiene que tener un orden y eso no debe confundirse con represión de los manteros", explica Héctor López Moreno, presidente de la Asociación Amigos de la calle Florida.  Él entiende que los problemas y la caída del esplendor de la peatonal son la consecuencia directa del ocupamiento de la calle. "Se genera una logística de inseguridad porque no hay presencia policial y aunque pusimos cámaras de seguridad en las 10 cuadras de extensión de la peatonal, cuando se produce un robo afuera o adentro de un local no tenemos a quién recurrir.  También hicimos denuncias por ruidos molestos: hay una cantidad de decibeles máxima en la calzada, pero no la respeta ninguno", argumenta.
Lo que puede significar ruido para las oficinas ubicadas cerca de las Galerías Pacífico, es arte para otros.  Todos los días, decenas de artistas musicales deciden exponerse en la vidriera al aire libre para mostrar lo que saben hacer.  A veces a la mañana, otras a la tarde, la banda instrumental de funk "Domingo Petrona", enchufa los parlantes para dar un show y vender discos.  A quince cada uno, venden veinte por día y eso los hace cada día un poco más conocidos.  "Para los artistas no hay nada negativo en esta calle y lo que nosotros hacemos está contemplado en la Constitución", así se defiende el bajista de la banda, consciente de que ha recibido denuncias por ruidos molestos por parte de las oficinas.  Es decir, por parte de los empleados que reciben un combo sonoro que contiene, a ventana abierta, bocinazos de Corrientes, ofertas de los "arbolitos" y guitarras eléctricas.

DESAZÓN
"¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?", fue la pregunta al quiosquero Rafael. "Nada", responde, "la inseguridad es mucha más de la que te podés imaginar y mucha más de la que vez en la televisión", amplía.
Jimena, estudiante y vendedora ambulante de shows de tango, es un poco más optimista respecto de su actividad.  "Me gusta laburar con gente, escuchar a los turistas y aprender otros idiomas", explica.  En cuanto a la inseguridad, afirma que es más probable ser robado siendo un extraño que formando parte de la peatonal: "los que estamos trabajando aca sabemos que nos conocemos y todos somos trabajadores por eso no sufrimos tantos robos.  Vemos que hay gente que está robando, pero la policía no hace nada, así que nos cuidamos entre nosotros", cuenta.
Matías tiene 25 años y trabaja ofreciendo bolsos estampados con símbolos del rock nacional que él  mismo pinta al lado de otro que vende pantuflas fluorescentes y un pintor chileno que se confiesa demasiado tímido para hablar frente a un  grabador, pero no para exhibir su obra a miles de personas por día.  Dice que no le gusta su lugar de trabajo porque allí se junta lo peor de Buenos Aires: "están los puteríos, los chorros, los bancos...la cabeza más grande del monstruo está acá, pero es donde más se vende", reconoce.  Lo mismo piensa el encargado de un local de informática de la Galería Jardín "La galería sigue siendo el mejor lugar para tener este tipo de negocios".
Pasadas las 4 de la tarde, ya no hay choques de cuerpos famélicos en busca de comida.  Las hordas de oficinistas que apuran el paso para disfrutar a pleno su hora de almuerzo ya no están tan visibles, pero la calma es aún lejana.
"Hola qué tal, yo soy Corbata, el que hace de todo menos plata", exclama un actor callejero cuyo trabajo es recibir a la gente e invitarlos a la Galería Jardín.  "Inventé mi trabajo, me sirve para pagar el alquiler y mantener a mi familia", dice orgulloso sin un rastro de amargura en sus facciones.  Su trabajo ha terminado, así como el de miles de transeúntes de saco y corbata que huyen hacía las bocas de subte para volver al hogar.  Pero Florida nunca duerme y en pocas horas, el vértigo se reanudará.
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Imagen: “Manteros” en la calle Florida.
Tomado de la página Buenos Aires Sos.

19 nov. 2011

Transformación de un barrio legendario



(De Martina Telo Lococo)

Durante los últimos diez años el barrio de Belgrano comenzó un proceso de cambio. Edificaciones de gran envergadura reemplazaron a las pequeñas  viviendas y comercios. Lo que antiguamente era una zona residencial hoy está tornándose en una comercial. ¿Quiénes ganan? ¿Quiénes pierden? ¿Qué pretenden las grandes empresas?
La transformación es cada vez más grande. Los nuevos edificios y las construcciones abarcan toda la zona, es casi imposible no ver una torre de oficinas en cada cuadra. Las viviendas bajas con menos de 15 pisos hoy parecen quedar atrás.
La Avenida de Libertador obtuvo un papel protagónico en este cambio: algunos legendarios comercios del barrio desaparecieron y hoy son locales de muebles de diseñador, concesionarias de autos, vinotecas y textiles de alta gama.
Los impactos ambientales, visuales y sociales repercuten a gran escala, y los principales damnificados son los vecinos. La inseguridad se incrementó bruscamente, el aumento del tránsito vehicular hizo que los estacionamientos y las calles colapsen y el sistema de agua potable y de las cloacas empezó a ser ineficaz, entre otras cuestiones.
“Aunque embellezcan estéticamente, las nuevas torres obstruyen la luz del sol y arruinan la naturaleza. A los que pasamos nuestra vida en el barrio eso nos molesta”, explicó Juan Manuel Monsalve, estudiante y vecino. Esta manifestación se repite en la mayoría de los vecinos, quienes aseguran que la seguridad y la tranquilidad de la zona se ha perdido. “Dado que la mayoría de los nuevos edificios serán oficinas, imagino un barrio que, gradualmente, va a ir perdiendo la tranquilidad que siempre lo caracterizó. Mucha más gente, más autos y mucho más ruido”, señaló Francisco Muschietti, vecino.
El tema de la inseguridad está cada día más presente entre la sociedad que reside en Belgrano. El pasado 24 de octubre se realizó una reunión con los comerciantes y vecinos de la zona junto con la Directora del Plan Nacional de Participación Comunitaria en Seguridad del Ministerio de Seguridad de la Nación, Martha Arriola, para combinar un plan de seguridad policial apropiado para el sector. “Esto es una zona liberada, cuando empieza a ponerse oscuro hay robos. Eso antes no pasaba y hay que buscarle una solución porque nos sentimos desprotegidos”, afirmó Aldo, dueño del Pool de Libertador desde 1989. Su bar debió mudarse a dos cuadras ya que su antigua construcción fue demolida para dar creación a un nuevo edificio.
Otro de los problemas por las construcciones de las torres es la falta de espacios para el estacionamiento. Refiriéndose a esto, Facundo Gasparelli, empleado de SB Negocios Inmobiliarios, destacó que los nuevos edificios tienen más departamentos que cocheras. Eso perjudica el acceso y la movilidad de la zona.
A nivel social, estas construcciones también pueden resultar negativas. “La mayoría de las obras son o serán oficinas. Eso debilita a la sociedad ya que el barrio va a vivir durante los horarios de trabajo y los sábados y domingos estará inhóspito. No es lo mismo tener un edificio lleno de familias viviendo que uno que esté habitado hasta las seis de la tarde”, aseguró María Teresa Mazzei, arquitecta y vecina desde hace 30 años, quien agregó que el beneficio principal es para los comercios gastronómicos que podrán alimentar a todos los empleados de las oficinas.
Pero, ¿cuál fue el motivo de esta transformación? “Si bien hay un aumento demográfico en el país y también un crecimiento en inversiones inmobiliarias, no creo que sean las razones del cambio en el barrio. Considero que se debe a los intereses del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”, expuso Nicolás Boronat, residente de Belgrano. “El mercado inmobiliario ha crecido mucho y eso ayuda a que las construcciones de edificios sean rentables. También influye que es una zona de fácil acceso, posee tres avenidas: Libertador, Cabildo y Figueroa Alcorta las cuales llegan a General Paz y al centro rápidamente. Por lo cual entrar y salir del barrio resulta cómodo tanto para la gente que viene a trabajar como para la que vive”, agregó Juan Manuel Monsalve.
La demanda de nuevos edificios sigue en aumento en la ciudad. La compra de inmuebles aumentó y eso generó que algunos sectores, antes no explotados, deban ser modificados para la expansión.
A pesar del embellecimiento y la prosperidad económica que puedan brindar estas construcciones es importante conservar la esencia de un barrio legendario como Belgrano. Las caballerizas ya no están, las pequeñas casas o edificios tradicionales estilo francés o inglés dieron lugar a imponentes edificios modernos, la antigua clase media trabajadora característica de la zona se vio influenciada por una clase alta propietaria. Sea cual sea el futuro lo importante es no perder lo propio del barrio, la solidaridad entre los vecinos y el afecto hacia el lugar donde crecimos.
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Imagen: Edificios en el barrio de Belgrano.
Nota tomada del periódico Mi Belgrano, noviembre de 2011.

Y barren el azul con sopladoras


(De Ramón Paz)

y barren el azul con sopladoras
dos tipos con turbinas a la espalda
van soplando el azul como una falda
volátil en el viento y en dos horas
van rodeando la plaza y acorralan
el cielo que se había derramado
por todas las veredas entregado
al peso de la tierra y lo señalan
lo expulsan en tormenta borrascosa
de lilas y el deber municipal
se cumple con rigor impersonal
y embolsan a noviembre y a otra cosa
qué celeste la lástima que da
que lo borren así al jacarandá
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Imagen: “Jacarandáes en flor” (Foto de Leandro Caffarena).

17 nov. 2011

Plaza Luis F. Leloir o placita de la Ciencia


(De Hilda Guerra)  

Algunas placitas cerradas y  también los espacios verdes, poseen el encanto para la pausa; las licencias poéticas. Necesitamos muchas veces alejarnos de los  locos bajitos. Ellos están en esos sitios -por suerte- sólo de paso, lo que permite, en medio de tanta confusión, recuperar parte de nuestro interior esquivo. Ese eslabón perdido de a ratos.
Hacer un alto en la investigación, salir de la Biblioteca Nacional por Agüero, cruzar en mitad de cuadra y subir los escalones, es volver a la adolescencia. Sacar de la mochila la latita de cola y las galletitas, es olvidar la lectura ilustrada y zambullirse en el recreo. El picnic tiene como telón de fondo un árbol y se llama espacio verde Leloir.
Sentada en un banco pensé en los jardines con laberintos aromáticos; transcurridos unos minutos, una pareja de chicos se acomodó a mi lado. Aspiré profundamente. Un intercambio de palabras entre mis circunstanciales compañeros me hizo volver a la realidad. La chica le ofreció un sándwich y él protestó: “No me gusta la mayonesa, ¿te cuesta tanto ponerle salsa golf?”. ¡Salsa golf!, ¿acaso la parejita sabía?
Luis Federico Leloir, nuestro Premio Nóbel de química, fue el creador de la exquisita salsa. Frecuentaba el Club de Golf de Mar del Plata y un mediodía de los años 20, pidió mariscos con mayonesa y otras salsas; mezcló mayonesa con ketchup y ya está.
Cuando volví de la evocación los chicos se habían ido.
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Imagen: Plaza Luis F. Leloir.

16 nov. 2011

El piso también es patrimonio barrial


(De Juan Manuel Sandoval)

Aunque para algunos es tan insignificante como un “bloque de piedra”, lo que se conoce como Adoquín unió y sigue uniendo a los vecinos, causando fascinación en turistas de todas partes del globo y encerrando dos siglos de historia.
Podría comenzar escribiendo esta nota, hablando de qué es el adoquín. Buscar en un diccionario, o en “Wikipedia”, su definición técnica y copiarla tal cual. Pero no nos explicaría qué es…o mejor dicho, qué significa el adoquín, tanto para los vecinos del barrio o los visitantes que ven el “cobblestone”, “ciottolo” o la traducción que le corresponda según la parte del mundo. Es increíble el fanatismo que despierta algo que pisamos para cruzar la calle, o del que nos quejamos cuando tropezamos, en otras culturas, pero aparece como tema de charla en foros de viajeros y aventureros, decoración en blogs de fotógrafos que inmortalizan su viaje por San Telmo con la típica foto en blanco y negro de las calles adoquinadas cubiertas por una fina cortina de lluvia o con una pareja bailando tango.…
Los vecinos porteños, amparados en la ley 65 de “pavimentos originales” (la cual protege y prohíbe que se cambie el empedrado o adoquinado con otros materiales), mediante ONG como “Basta de Demoler”, “San Telmo Preserva” o hasta en “grupos de “Facebook” como “No a la quita de adoquines en San Telmo”(que cuenta con casi 500 miembros) se unieron varias veces para detener su “extracción”, como por ejemplo, la propuesta del “Proyecto Prioridad Peatón” en el 2008, en la cual se quería reemplazar a los adoquines por baldosones grises.
No sólo se opusieron por su contenido histórico, sino como un símbolo para lo que nos representa como barrio. Extraerlo sería quitarle parte de su identidad al barrio. Además de que es parte del patrimonio del Casco Histórico porteño (junto a los edificios antiguos por ejemplo), que convierten a San Telmo en uno de los barrios “abuelos”, por así decirlo, en Capital Federal.
No todos saben de la historia que encierran: empezando en 1769, el Cabildo dispuso traer piedras de la isla Martín García para las calzadas, y piedras laja de Montevideo para las aceras, terminando de concretarse el proyecto en 1868. Desde hechos históricos hasta diferentes medios de transporte que pasaron sobre el adoquín, en estos 200 años, también hay unas cuantas personalidades que lo “pisaron”, entre ellos seguramente: Esteban Echeverría (introductor del romanticismo en la Argentina), el pintor, escultor y profeta Benjamín Solari Parravicini (nombrado el “Nostradamus Argentino”), el ex – líder de la banda de rock Sumo Luca Prodan, hasta “Quino” y una interminable lista pasada, presente –¿y porque no?– futura.
“No me imagino las calles del barrio sin los adoquines” comenta María Teresa Quintela (80), que vive en el barrio desde hace más de 30 años. Y es que “adoquín” parece la palabra del millón junto a “San Telmo”. Ya sea nombrado brevemente o como parte de algún titular, siempre se encuentra presente en toda charla sobre el barrio, como por ejemplo: “Relato de viaje a Buenos Aires – Los adoquines de San Telmo” (en una página que junta historias de aventureros por el mundo) o “San Telmo, tango entre adoquines y reliquias” (en una pagina dedicada al turismo). Hasta en la obra “San Telmo” del compositor Gerardo Matos Rodríguez, se lo nombra: “Calles de San Telmo! Adoquines viejos! Piedras que he pisado”. Solo esperemos que nuestros hijos y nietos puedan seguir pisándolos.
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Ilustración: "Adoquines y rieles de la calle Humberto I", fotografía de Alicia Segal.
La nota y la fotografía fueron tomadas del periódico El sol de San Telmo.