11 may. 2012

Aquel Boedo...


(De Sebastián Piana)

Pese a la piqueta y a las modas, Boedo es uno de los barrio que ha mantenido algunas de sus características. Yo era fronterizo, de Almagro, pero mi corazón se instaló en Boedo allá por el 22, cuando conocí a uno de los prohombres del barrio, José González Castillo. Después, una amistad entrañable -hasta su muerte- con Cátulo Castillo y también por esos años mi encuentro con Homero Manzi.
El tango siempre requirió un escenario real, acaso una utilería también auténtica para erguirse en el género de los porteños. Boedo tenía esos microcosmos que sintetizan la vida misma del arrabal, como paisaje interior: el callejón, el boliche, el café, billares, el conventillo y también los patios. Como diría Cátulo, ese patio de Boedo que "tiene frescor de sombras bajo el alero".
Caserones con paredes amarillentas, madreselvas, malvones, parras y alguna enredadera para servir de adorno al piso, ese tablero de baldosas en el que los bailarines jugaban  su ajedrez, alguna vez fatal.
No fui hombre de café, pero González Castillo me introdujo en  el mundo mágico de los ateneos, como aquella Universidad Popular de Boedo -fundada por él- o la escolástica peña Pacha-Camac, literaria, musical, definidamente popular y, por cierto, tanguera.
También conocí en Boedo, allá por los años 30, a Francisco Reyes, un destacadísimo escultor que hoy integra la Academia Porteña del Lunfardo. Ellos formaban también parte de la geografía descripta por Manzi en Sur: aquel San Juan y Boedo antiguo que, efectivamente, constituía la mitad de nuestro cielo. Tiempo de poetas memorables que lograron fijar en verso ese continente irrecuperable.
Creo que la conversión del bar en confitería fue la primera operación que segó la virilidad del café, aquellos altares nocturnos donde sólo se podía acumular humo, melancolía, confesiones y ruidos. Finalmente, el barrio -globalmente- se esfumó. Como el organillero, la calesita o el barquillero que nos traía la dulce presencia de su ruleta esquiva.
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Imagen : Esquina sureste de San Juan y Boedo circa década del 30 (Foto pintada a mano).
Tomado del libro Pasión de Boedo Aires,  Ediciones Boedo XXI, Bs. As., 2000.