17 jul. 2012

El Mirador de Comastri



(De Emilio Zamboni)

En el porteño barrio de Chacarita, entre las calles Loyola, Fitz Roy, Bonpland y Aguirre, se halla el renombrado Mirador de Comastri emergiendo de un bello edificio de estilo italiano, que hiciera edificar don Agustín Comastri en el Siglo XIX (circa 1875). Este precursor había nacido en Gragnano, comuna de Capannori, provincia de Lucca, en la región de Toscana, Italia, el 30 de enero de 1830. El joven Agustín tenía en su pueblo natal una novia bella de casi 20 años de edad, Clementina Cataldi, con quien se prometió en matrimonio, y con tal decisión salió el futuro agricultor hacia la Argentina soñada. Ya en Buenos Aires, se casaron en la Iglesia Nuestra Señora de La Piedad del barrio de San Nicolás, en el año 1861. Después de vivir algún tiempo en la ciudad deciden comprar tierras en la Chacarita de los Colegiales, en ese entonces Provincia de Buenos Aires, viviendo algunos años en una sencilla casita antes de construir esta residencia. El palacio, magnífica construcción para la época y el lugar, fue viendo correr el tiempo hasta quedar donde hoy se lo ve, casi derruido, esperando el dictamen oficial para declararlo de valor histórico, como creemos corresponde, y encarar su reconstrucción para que siga siendo admirado por las nuevas generaciones.
Toda la manzana está rodeada por una base de material de un metro de altura y casi sesenta centímetros de ancho, con una verja que concluye en barrotes lanceolados, y con tres portones de acceso, similares al que está instalado en Bonpland y Loyola, hechos de hierro forjado con bellos arabescos, macizos y seguros, sostenidos por dos pilares de mampostería de sección cilíndrica, propio del estilo arquitectónico de aquella época. En el amplio jardín se destacan especies vegetales importantes: olivos, magnolias y palmeras añosas de un metro de diámetro y gran altura. Hay otros detalles singulares: una pieza escultórica que representa a “La Madre” y un mástil para la bandera, donados por la Asociación Cooperadora de la Escuela de Educación Técnica número 34, “Ingeniero Enrique M. Hermitte”, que funciona en el lugar.


MEMORIA DESCRIPTIVA
El Mirador es de planta cuadrada y tiene cuatro columnas de metal en su frente para sostener una galería. La residencia posee dos plantas de distintas dimensiones, y en el centro de la parte superior se eleva la torre, coronada por una cúpula adornada con vidrios de colores. Ingresamos a la casa y en el interior nos encontramos en un vestíbulo o recibidor; sobre el muro Sur una estufa de líneas severas pero bellísimas de mármol italiano de color castaño claro; a nuestra derecha se encuentra una habitación amplia, alrededor de 20 metros cuadrados, con un cielorraso labrado y sumamente decorativo. La planta baja se compone además de una sala con una mesa de centro, dos dormitorios y un baño principal; un comedor diario con una mesa para doce comensales, y un piano marca “Pleyel”. Existió también un escritorio o biblioteca, un vestíbulo, así como cocina, despensa y escalera principal. En la planta alta cinco dormitorios, baños y escalera secundaria, y finalmente una torre con escalera “caracol” hasta el mirador o cúpula. Las habitaciones dan a un amplio balcón de mampostería que bordea toda la planta alta. Se destacan las columnitas de material características del estilo italiano, como puede verse en muchas casas del centro de la ciudad.
Visitamos ahora el Mirador propiamente dicho. Subimos por una señorial escalera de mármol blanco que desemboca en otra de madera lustrada, para finalizar en un tercer tramo, de las denominadas “de caracol”, construida en hierro y con adornos en forma de piñas. La cúspide es de forma cónica, de un metro cuadrado de superficie, y conserva algunos de los vidrios originales de distintos colores. Fue diseñada al estilo de la Catedral de Santa María de los Ángeles, de Florencia, Italia. Alguna vez en este receptáculo u observatorio hubo un reloj de cincuenta centímetros de diámetro, de origen italiano, que ofreció la hora oficial por muchos años en la región. También hubo un pararrayos –el primero en la zona–, así como una gran lámpara alimentada con gas que se encendía por las noches para orientar a los que llegaban al lugar.
Estamos otra vez en la planta baja y nos disponemos a descender a un sótano cubierto por una tapa de madera lustrada. Una vez abajo vemos una entrada a un pasadizo, en cuyos muros hechos con grandes ladrillos, observamos manijas metálicas empotradas. Sabemos que este lugar era utilizado por don Agustín para guardar los toneles de vino que producía, pero nos extraña la presencia de estos apoyos. Nos informan que el conducto subterráneo continuaba hacia el Este llegando hasta el arroyo Maldonado, distante 350 metros, para permitir una salida en casos de peligro, muy frecuentes en aquellos tiempos. También se habla de una red de túneles en la zona. Actualmente el pasaje se encuentra obturado.
En el ángulo NE del predio formado por las calles Loyola y Fitz Roy, hubo viejas construcciones de una sola planta destinadas a galpones, depósitos de materiales, cocheras para carruajes y chatas de carga, y también habitaciones para el personal de servicio y cuidadores. Asimismo existía un taller de carpintería donde trabajaba y se entretenía don Agustín; todo este complejo estaba rodeado por frondosos árboles.

EPISODIOS DE LA HISTORIA ARGENTINA
En los sucesos del año 1880, cuando las tropas que respondían al presidente Avellaneda acamparon en la Chacarita de los Colegiales debido al conflicto con el gobernador Carlos Tejedor, el Mirador fue visitado en forma frecuente por destacados políticos y militares de aquella época, según cuenta la tradición familiar; entre ellos, el presidente Nicolás Avellaneda y el candidato presidencial electo, general Julio A. Roca; el ministro de Guerra, Dr. Carlos Pellegrini, los generales Luis María y Manuel J. Campos y el general Bartolomé Mitre.
También, según algunos historiadores, en el Mirador tuvo su escondite don Hipólito Yrigoyen mientras fraguaba el movimiento cívico de 1893; además relatan que revolucionarios mitristas se refugiaron en esta villa después de ser vencidos en el combate de La Verde.
El pionero don. Agustin Comastri falleció el 9 de marzo de 1891, a los 61 años de edad, y su compañera Clementina lo sobrevivió hasta el 12 de setiembre de 1918. En el año 1922 sus herederos arrendaron el predio al Consejo Nacional de Educación, y durante el gobierno del Dr. Roberto M. Ortiz –1938-1942– realizaron la operación de venta.
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Fuente:
Diego A. del Pino: El mirador del pionero Agustín Comastri, Edic. del Emigrante, Bs. As., 1989.

Imagen: Mirador de Comastri (Fotografía: arcondebuenosaires.com.ar)