3 jul. 2012

El Parque Japonés



(De Otto Carlos Miller)

“Tu vieja
dice que sos un bandido
porque supo que te vieron
la otra noche
en el Parque Japonés...”

En 1927, Alberto Vila graba y estrena el tango “Niño bien” con letra de Víctor Soliño y Roberto Fontaina y música de Juan Antonio Collazo.
En el libro Tangos, Letras y Letristas de José Gobello y Jorge a Bossio puede leerse la cita que hacen los autores transcribiendo las palabras del mismo autor, Soliño, para referirse al reciente estreno de “Garufa”: “‘Niño bien’ poco antes había marcado un éxito. Quizá porque su letra humorística pareció en aquel momento una reacción contra los tangos lacrimógenos. Y se convino en que había probabilidades de que una repetición del intento podía significar un acierto. Allí mismo empezamos a pensar en “Garufa”. En pocos días Juan Antonio Collazo, Roberto Fontaina y yo presentábamos a la alta cátedra de la cantina del ‘Atenas’ la nueva producción.”
 Así nació “Garufa” sobre el filo de los finales de 1928. Hasta aquí no hay algo que llame la atención a no ser por la cita del Parque Japonés.
Hasta el día de hoy, es común escuchar a personas, mayores de cincuenta años, que cuenten anécdotas y recuerdos sobre el Parque Japonés citado en el tango “Garufa”.Tampoco esto tendría que llamar la atención, salvo que quienes tengan recuerdos  del Parque Japonés, citado en "Garufa", tendrían que tener como mínimo 86 u 88 años, dado que el citado parque cerró hace más de 80.
La confusión es entendible, hubo un Parque Japonés inaugurado en 1911 que cerró en 1930 y otro Parque Japonés, también llamado  nuevo Parque Japonés que abrió en 1939 y cerró en 1962.
El  nuevo Parque Japonés, cuya estructura e instalaciones nada tenían de japonés, en un momento pasó a llamarse Parque Retiro hasta la fecha de su cierre y demolición en 1962: cambio de nombre que se produjo debido a que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el 26 de enero de 1944, la Argentina rompe relaciones con el Eje (Alemania-Japón) y posteriormente, ya sobre el final de la contienda, le declara la guerra. Esto fue el 27 de marzo de 1945, pocos días antes que se rindiera Alemania en abril y en agosto Japón. Aclarada la confusión entremos al Parque Japonés citado en “Garufa”.

Buenos Aires 1911: todavía brillaban los resplandores emotivos de la gran fiesta del centenario y el paso del cometa Halley. Comienza la segunda década del siglo XX y el mundo sigue con sus significativas transformaciones. Amundsen llega al Polo Sur, convulsiones en políticas en Portugal, España  y China, Italia en guerra con Turquía.
En la Argentina el doctor Roque Sáenz Peña acompañado de Victorino de la Plaza estaban al frente del poder Ejecutivo. Comienza a sentirse el peso de un país, ya centenario, que asimilaba al gran caudal de inmigrantes, especialmente españoles e italianos. Muere el eminente Florentino Ameghino y los porteños se asombran ante el primer vuelo de un avión sobre la ciudad de Buenos Aires.Se inicia la construcción del Puerto Nuevo para un creciente flujo de movimiento de ultramar. Una zanja se abre en la ciudad, se trata de las obras para la realización de la Línea “A” de subterráneos desde Plaza de Mayo a Plaza Miserere. Se forma el Dúo Gardel-Razzano y en el “Armenonville” se baila el tango.
La Ley Sáenz Peña ya estaba en proceso de germinar.
Buenos Aires brillaba orgullosa en su porteñismo y su rápida asimilación de la arquitectura, el arte y las letras europeas.En esa atmósfera de optimismo y progreso, siete años antes, había llegado a Buenos Aires el arquitecto Alfredo Zücker, uno de los exponentes de la corriente arquitectónica germana. Zücker había nacido en Friburgo, Suiza, en 1852. Desde 1874 hasta 1904 estuvo radicado en EE. UU. dejando importantes obras como la catedral de San Patricio, el Guilliard Building, el Majestic Hotel, el Harlem Casino y el Opera House de Meridian.
En Buenos Aires también dejó una importante huella con obras de la magnitud arquitectónica del edificio para la Empresa Villalonga en la esquina de Balcarce y Moreno, el entonces primer rascacielos de Buenos Aires en su centenario: el Plaza Hotel de 60 metros de altura. Otras maravillosas realizaciones fueron el Avenida Palace Hotel, demolido, el Gran Hotel Casino en Vértiz y Pampa, la Casa Galmarini en Alsina 1867 y el desaparecido Parque Japonés que nos ocupa.

¿DÓNDE ESTABA EL PARQUE JAPONÉS? 
En Paseo de Julio entre Callao y Recoleta donde treinta años después que cerrara, sus mismos terrenos albergarían al Ital Park. Se trató de un obra faraónica, quizá entre las más importantes en su género en 1911. Se realizó con una inversión de dos millones de pesos. La inauguración oficial fue el viernes 3 de febrero de 1911 y el público pudo concurrir al día siguiente, es decir el sábado 4. El diario “La Nación” del 3 del mismo mes publica una nota a cinco columnas con dos fotografías cuyos epígrafes son “Circo Romano” y “Estación del Ferrocarril Panorámico”.
A continuación se transcribe un fragmento de la nota: En el parque japonés se realizó anoche la fiesta con que obsequiaba a los miembros de la prensa el directorio de las exposiciones internacionales, con motivo de la próxima inauguración.
Orientado en la dirección del Paseo de Julio, con ubicación dentro de las seis  hectáreas de terreno comprendidas entre la línea del ferrocarril Central Argentino, Callao y Recoleta, aquel tiene tres entradas: la principal frente a la calle Ayacucho, la de carruajes y automóviles con acceso al restaurant del Club Japonés, correspondiendo la otra a Callao, inmediata a la falda sur del volcán Fuji-Yama.
De pura arquitectura japonesa, se destaca de estas tres entradas la de Ayacucho que es una casita nipona con toda las características de línea, colorido y luz que tan sugerentes hacen estas viviendas asiáticas.
Las otras dos, de construcción más sencilla pero del mismo estilo, llaman igualmente desde lejos la atención por su gracia exótica; la impresión que se experimenta una vez en el Parque Japonés y la visión en primer término de la mole clásica del circo romano contrastando con el fondo rocoso y bravío de la montaña del Fuji-Yama que se erige sobre la orilla acantilada del gran lago, semeja una maravillosa transposición a un paraje extraño y bello donde todos los medios de solaz hubieran sido reunidos.
El circo romano, reproducción del de la antigua ciudad de los Césares, se levanta en primer término con sus ciento veinte columnas, seis esfinges y los dos pabellones que flanquean el escenario inmenso, abierto al cielo y en donde son posibles los desfiles interminables de cabalgatas y comparsería por las dos rampas laterales que desde los subterráneos ascienden a la arena.
El circo tiene capacidad para 3.500 espectadores sentados y el anfiteatro ofrece la particularidad que desde cualquier punto de observación no se pierde detalle de lo que ocurre en la arena o en el escenario. Los palcos y los asientos están construidos como el auténtico circo romano.
El volcán Fuji-Yama con su cráter entre nieves eternas se abre a considerable altura sobre el nivel del gran lago y del lago menor. Esta montaña de dos cumbres con una base de cuadra y media está penetrada  en sus vertientes, hendeduras y abismos por los rieles de un servicio de dos coches cada uno, llamados trenes panorámicos.
Durante el recorrido de mil metros, se penetra en túneles, se recorren valles, se ascienden cuestas, se deslizan pronunciadas pendientes y siempre y en todo instante se experimenta la sensación de un viaje aéreo atrevido.
Dos lagos bañan la falda del Fuji-Yama, el gran lago y el lago menor, con una diferencia de nivel de 0,65 metros, lo que determina, por medio del canal subterráneo citado y un aparato elevador, el movimiento continuo de las agua. Descuellan en el centro del gran lago sobre mansa superficie surcada por canoas, los quioscos japoneses de las islas de las Gueisas. 
Dando vuelta por la avenida principal de los jardines y rodeándole circo romano hacia el norte, se hallan las ruinas de Taj-Mahal a la margen del lago menor donde se toma pasaje en el tren panorámico y sobre el canal que luego cruza las entradas del monte hasta comunicar, como se ha dicho, con el gran lago. En estas ruinas empalma la línea de los botes del Water-Chute con los trenes del Fuji-Yama, según reza el rótulo de uno de los sillares. Estos botes hacen un recorrido subterráneo y ondulado antes de salir lanzados al lago menor, igual en longitud y duración al de los trenes.
El Club Japonés es una construcción de estilo nipón que habrá de ser el punto de reunión para las clases elegantes. Llama la atención en el comedor de invierno la reproducción exacta del templo Nico de Tokio. El pabellón de música es de líneas graciosas y delicadas que se destaca en las inmediaciones del club y frente a la casa de té (Tia-Ya).
Aparte de otras numerosas diversiones que tiene el Parque Japonés, como la reproducción del terremoto de Mesina, donde se presencia desde el comienzo al fin el desastre que aniquiló a esta ciudad, el círculo de la risa donde una simple ley física es aprovechada para pasar un rato de hilaridad, riéndose de los otros y de sí mismo, está la curiosa aldea indostánica establecida en el extremo norte de los jardines con sus talleres y fábricas, bazares y objetos de la India. 
 El mismo día viernes 3 de febrero el diario “La Prensa”, (número 14.714), publica una nota en tono crítico y hasta parece hacer una advertencia, que lamentablemente luego se cumpliría, relativa al futuro funcionamiento del Parque Japonés.
La nota dice así: SOBRE UNA DIVERSIÓN PÚBLICA COVENIENCIA DE REALIZAR UNA INSPECCIÓN
“Inspirada en loables fines de seguridad pública, una persona entendida en tales asuntos, nos ha hecho ver la conveniencia de indicar a la Intendencia Municipal, la necesidad de realizar una detenida inspección técnica en las instalaciones del local de diversiones titulado Parque Japonés, que según se anuncia, se inaugurará mañana.
Parece que la empresa que ha construido los edificios de los citados jardines y que se prepara a explotarlos por un crecido número de años, ha hecho caso omiso de las ordenanzas a cuyos términos debe sujetarse esa clase de construcciones, lo que entrañaría toda una serie de grandes y casi inevitables peligros para el público, en caso de un siniestro.
En primer lugar se ha hecho uso y abuso de la madera liviana, lona y paja en las construcciones que representan montañas del Japón, las cuales forman un verdadero dédalo de pasadizos, corredores y estrechas galerías, todo destinado a la circulación del público, en trenes denominados panorámicos e iluminados con lamparillas de luz eléctrica.
Después, no se ha consultado a nadie para establecer el servicio contra incendios, el que según los empresarios “de sistema norteamericano” y consiste en unos cajones de madera forrados por dentro de zinc y colocados en el interior de la montaña, por la que circulan unos pequeños trenes eléctricos.
Continúa dando detalles referentes a defectos al sistema hidráulico no apto para usar en caso de incendio. Además cuestiona la instalación eléctrica, cuyos cables fueron colocados sobre la madera sin tubos aisladores, advirtiendo sobre los peligros ante un eventual cortocircuito. Finaliza la nota con una queja acusando de negligentes a las autoridades municipales exigiéndoles una inmediata inspección y el cumplimiento de las reglamentaciones vigentes.
 El diario “La Razón” de ese mismo 3 de febrero comenta la inauguración oficial y acompaña una fotografía tomada desde lo alto.
La revista “PBT” en su número 324 del 11 de febrero, es decir apenas inaugurado, presenta una fotografía del interior del Parque Japonés, en la “Aldea Indostánica”,
donde se aprecia a un conjunto de indostanos con sus correspondientes indumentarias y atuendos, además hace mención de la presencia en su inauguración, del Intendente doctor Anchorena. 
“Caras y Caretas” en su número 645 del 15 de febrero exhibe dos fotografías, una del imponente Circo Romano y otra desde la altura donde se visualiza el “Tren Panorámico”. Además de los elogios arquitectónicos del parque comenta algunos aspectos que transcribimos: “[…] En el centro del ‘Gran Lago’, cuya superficie surcan canoas, se advierten los kioskos  japoneses de las ‘Islas de las Gueisas’. […] Cerca del club y frente a la ‘Casa de Té’ se encuentra el ‘Pabellón de música’, de graciosas líneas y excelentes condiciones acústicas”.Y  refiriéndose al  Circo Romano: “[…] pues los trajes, armas e indumentaria general que ostenta la corte imperial constituyen una reproducción fidelísima de la verdad histórica, que se extiende hasta la notable semejanza física del artista que interpreta a César. La idea de esta obra genial se debe a un conocido arquitecto, quien no ha descansado un momento hasta ver realizada su feliz iniciativa, dotando a Buenos Aires de un parque espléndido, por el que ya han desfilado, en sólo seis días, más de 150.000 personas, y cuya construcción ofrece la garantía de solidez y seguridad, que le presta la inspección diaria ejercida en las obras por el ingeniero municipal señor Iturbe.
Este comentario, es posible que haya sido hecho  para disipar los comentarios hechos unos días antes por el diario “La Prensa”. Luego finaliza la nota de “Caras y Caretas”: “En opinión de muchos, el Parque Japonés es mejor y más completo que el Coney Island, el Luna Park de París, o la gran White City, de Londres, por cuyo triunfo merece el autor del proyecto, señor Zucker, una entusiasta felicitación, que haremos extensiva al director general, señor Richard Savade, por el acierto demostrado en la organización interna del parque”.
La inauguración del 4 de febrero contó con notables avisos publicitarios.
“La Nación” publicó un aviso de 3 columnas por 23 centímetros y “La Razón” del mismo día un aviso de 4 columnas por 25 centímetros. El texto de ambos, salvo en algunas palabras, es similar. Únicamente varían en los títulos.
Reproducimos ambos y títulos y el texto de “La Razón”.
“La Nación” titula: ACONTECIMIENTO EN SUD-AMÉRICA
“La Razón”: LA PRIMERA MARAVILLA DE SUD AMÉRICA

Hoy apertura del Parque Japonés
a las 8.30 p.m.
AVE CÉSAR
Función magna en el CIRCO ROMANO a beneficio de los vendedores de diarios patrocinada por el Int. de la Capital Dr. Anchorena en la que tomarán parte 200 personas y la famosa colección de fieras HAGENBECK.
FUEGOS ARTIFICIALES
Mañana domingo tarde y noche el mismo programa
AYACUCHO Y PASEO DE JULIO
Tramways por Paseo de Julio 35-56-58-59
Tramways  por Recoleta 8-10-11-15-38-69-78-87
Entrada al Parque 0,50 cvs.
Menores de 10 años, acompañados GRATIS.

Numerosos avisos publicados en los diarios y exaltando la variedad de diversiones  se sucedieron durante los días siguientes a la inauguración del Parque Japonés.
“La Nación” del domingo  26 de febrero publica uno de grandes dimensiones(6 columnas por 26 centímetros) que llama la atención por el carácter del premio en libras esterlinas:

HOY EN EL PARQUE JAPONÉS HOY
Concurso de trajes asiáticos
145 £ EN PREMIOS £ 145

La entrada ya no es de 50 centavos sino de un peso. Y también cabe destacar quienes integraban el jurado: Jurado Calificador: Alfredo Zucker, José León Suárez, Luis de Villalobos, Ricardo Sawade, Vicente Fanelli.
Antes que el maravilloso parque cumpliera su primer mes, quizá por alguna de las razones que advertía el diario “La Prensa”, se produjo un incendio que felizmente no cobró víctimas y pudo ser rápidamente sofocado. Fue al comenzar el viernes 13 de marzo.Al respecto dice “La Razón” de ese mismo día: INCENDIO EN EL PARQUE JAPONÉS. Posible origen del siniestro: Falta de agua.
Aproximadamente a las 12,40 de esta madrugada, estalló un incendio en el Parque Japonés destruyendo totalmente las instalaciones del local donde se exhibía el espectáculo titulado “El terremoto de Mesina”.
Además se quemaron pequeñas barracas colocadas a espaldas del sitio donde se inició el fuego, en las cuales funcionaban distintos juegos, como ser el billar japonés, tiro al blanco, la pesca y otros.[…] Sería por un corto circuito o falla en el simulador de fuego.”
Una vez pasado este accidente sin consecuencias, el Parque Japonés con su equilibrada conjunción de exotismo, fieras, ambientación japonesa, aldea indostana, montaña rusa de 50 metros de altura y  una alta tecnología que permitía efectos especiales, siguió provocando el asombro de los porteños, gente del interior y hasta turistas.
También se daba  un curioso fenómeno,  la cercanía del Parque Japonés y los lugares marginales del Paseo de Julio, donde la noche nucleaba a cafishios y malandras. El tango “Garufa”quizá al decir “sos un bandido” sea para ironizar lo inocente de las andanzas de Garufa en el parque de diversiones o bien porque lo vieron en la zona “roja” de la época.

PARQUE JAPONÉS Y LITERATURA: “ECHE  VEINTE CENTAVOS EN LA RANURA”  Y  “SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR” 
Además del ya mencionado tango “Garufa” de 1928, según la referencia de Horacio J. Spinetto, citada en su trabajo “Retiro, testigo de la diversidad”, Raúl González Tuñón escribió en 1922 su hermoso poema “Eche 20 centavos en la ranura” en el viejo bodegón “I Rei del Vini”. Cabe destacar que en la década del 60 el músico y cantor argentino residente en París Juan Tata Cedrón lo musicalizó y grabó. Este poema da cuenta de la variedad de diversiones de este pintoresco parque. Efectivamente, por veinte centavos introducidos en la mágica máquina podían verse unas audaces “vistas” de hermosas mujeres que exhibían sus piernas en mallas, por supuesto enterizas de una sola pieza.
Se ha discutido acerca de los setenta balcones que inspiraron a Baldomero Fernández Moreno. ¿Dónde están?  ¿En Callao y Corrientes? ¿Pueyrredón y Corrientes? ¿En Flores? Están frente a donde se encontraba el Parque Japonés.
El escritor y periodista Roy Bartolomew se encargó de aclarar la confusión que posteriormente, como luego se explicará, volvió a generarse.
Roy Bartolomew, en una nota publicada en “La Nación” con el título “Los setenta balcones y ninguna flor, ¿dónde?”, relata que el 13 de junio de 1950 en el antiguo local de la SADE en calle México se le entregó a Fernández Moreno el Gran Premio de Honor.En sus palabras de agradecimiento habló de lo efímero de todo, hasta de sus poemas, del cual indicó que apenas sobrevivía uno, los “Setenta balcones y ninguna flor” y según palabras del poeta, citadas por Roy Battolomew: “Setenta balcones, ni uno más, ni uno menos. La de una casa nueva, en el Paseo de Julio, alturas del primitivo Parque Japonés, contados una noche estuosa, en compañía de Pedro Herreros, desde un banco de piedra.”
Por el testimonio de Roy Bartolomew  tendría que haberse cerrado la polémica, pero la confusión volvió a generarse cuando más de un periodista, no bien informado, citaba al edificio frente al Parque Japonés “que ocupaba el sector donde hoy se alza el Sheraton Hotel”, es decir que se está refiriendo al  nuevo Parque Japonés”. 

EL FIN DEL PARQUE JAPONÉS
En 1925 había caducado la concesión municipal original y funcionaba con un permiso precario. No obstante, nada anormal sucedía. Pero 1930 fue un año terrible para el país, además de iniciarse un período de ruptura del orden constitucional con la destitución de Hipólito Yrigoyen, al mediodía del 26 de diciembre se incendiaba el Parque Japonés.
Ya no se trató de un incendio menor sino total. Durante el año entrante, 1931, permaneció como parque abierto parcialmente demolido, hasta que en 1933 se demolió el Teatro Romano.
Las causas que dieron origen al incendio jamás fueron aclaradas. “La Nación” del sábado 26 de diciembre se refirió al siniestro con el título: LA MONTAÑA RUSA DEL PARQUE JAPONÉS FUE DESTRUIDA POR UN INCENDIO QUE ESTALLÓ EN LA MAÑANA DE AYER. Al comentar el hecho, descarta que el siniestro se debiera a causas de origen eléctrico.
“La Prensa” del mismo día lo hace con un título así: UN VIOLENTO INCENDIO QUE SE DECLARÓ AYER A MEDIODÍA EN EL PARQUE JAPONÉS, DESTRUYÓ EN PARTE LA MONTAÑA ARTIFICIAL POR DONDE CIRCULABA EL TREN ELÉCTRICO
También invalida la hipótesis de origen eléctrico. Comenta que “el fuego pudo iniciarse a  consecuencia de haberse desprendido una chispa de alguna de las locomotoras del ferrocarril Central Argentino que realizan maniobras por las vías próximas a la montaña”.)
El diario vespertino “Crítica”, también del 26 de diciembre titula la noticia en primera plana: SE INCENDIÓ HOY EL FUJIYAMA. Es la célebre montaña del Parque Japonés.
En la página interior hace una extensa nota con el título: “Ha Desaparecido un Pedazo de Nuestra Historia Emocional”.

De los casi veinte años de vida del Parque Japonés quedan muy pocos testigos.
Es muy difícil encontrar testimonios,  pues se hacen necesarios diferentes factores tales como tener más de ochenta años, haber estado en Buenos Aires y tener buena memoria.
No obstante fue posible hablar con una persona que tenía trece años cuando el Parque Japonés ya estaba por desaparecer: el señor Serafín Oterino, quien además de recordar a la montaña rusa y las lanchas del lago, dijo que la entrada daba derecho un juego gratis, pero como no estaba aclarado, más de una persona no la utilizaba, “y ahí estábamos los chicos en la puerta del parque para pedir la entrada, ya inútil pero que nos permitía disfrutar de un juego, cuando teníamos varias, entrábamos”.
Luego, en 1939 aparecería el nuevo Parque Japonés y en 1960 el Ital Park.
Pero esos parques, también desaparecidos, ya corresponden a otra historia y a una  Buenos Aires diferente.
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Imagen: El primitivo Parque Japonés.