31 ago. 2010

Acerca de algunas expresiones del escolaso


(De Luis Alposta)

Hubo una época, en que el Café supo ser una especie de escuela de la fraseología porteña derivada del naipe. Carlos Giuria, en su Indagación del porteño, nos recuerda que el jugador que se va a baraja es el que renuncia a intervenir en la mano que se ha dado, y es el que no cree conveniente arriesgar posibilidades. Es una manera de apartarse del riesgo. Pero fuera del ámbito del juego, irse a baraja es sinónimo de arrugar, es aceptar la inferioridad en algo, aun a costa del desprecio. El que arruga, es el que se va a baraja buscando el mazo de la seguridad. También se dice irse al mazo. Retirarse puede ser también prudencia o cálculo que permite volver al entrevero y jugarse entonces hasta el resto, en una nueva mano. Otras veces, considerando que la mano ha venido bien, conforme con lo recibido, y hasta esperando ganar, se dice: ¡Me planto! Algo que bien podemos ilustrar con estos versos de Celedonio Flores: En la timba de la vida me planté con siete y medio./ Siendo la única parada de la vida que acerté./ Yo ya estaba en la pendiente de la ruina sin remedio / pero un día dije planto y ese día me planté.
Y plantarse no es irse del juego ni renunciar al triunfo. Plantarse es un hecho que requiere voluntad, tanta voluntad como el saber jugarse, jugarse en una carta o en una situación arriesgándolo todo. Por supuesto que para saber plantarse se requiere de cierta carpeta. Y tener carpeta, con la que se alude al paño verde que cubre la mesa de juego, es sinónimo de experiencia.