31 ago. 2010

El poeta y la calle


(De Baldomero Fernández Moreno)

Madre, no me digas:
Hijo, quédate,
cena con nosotros
y duerme después.
Estás flaco y triste, me haces padecer.
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez...
Yo a Dios le regaba
una y otra vez:
que nunca se enferme,
que viva cien años,
gallardo, robusto,
galán y doncel,
lo vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café.
Dios me ha castigado,
¡Él sabrá por qué!-
Madre, no me digas:
Hijo, quédate...-
La calle me llama
y a la calle iré.
Yo tengo una pena
de tan mal jaez,
que ni tú ni nadie
pueden comprender.
Y en medio a la calle
¡me siento tan bien!
¿Que cuál es mi pena
Ni yo sé cuál es,
pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer.
La calle me llama
y obedeceré.
Cuando pongo en ella
los ligeros pies
me lleno de rimas
casi sin querer.
¡La calle, la calle,
loco cascabel!
¡La noche, la noche,
qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche.
se quieren los tres.
La calle me llama,
la noche también...
Hasta luego madre,
voy a florecer.
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Foto de Baldomero Fernández Moreno.