31 ago. 2010

Abraham Vigo, un Artista del Pueblo


(De Carlos Caffarena)

“El hecho de que Boedo tomase como materia prima de sus inquietudes espirituales a la clase trabajadora, no se debió puramente a una determinación estética, sino a que la mayoría de sus componentes procedían de esa clase, y trabajaban o habían trabajado manualmente hasta esa fecha.” Las palabras de Elías Castelnuovo describían con sencillez al Grupo Boedo, a los Artistas del Pueblo. Hace cincuenta años fallecía el polifacético Abraham Vigo, destacado integrante de ese talentoso conjunto. El Museo de Bellas Artes “Quinquela Martín” organiza una muestra de su obra, testimonio de un tiempo de reivindicaciones sociales en el que nuestro barrio era protagonista.
Grandes acontecimientos nacionales y mundiales enmarcaron la época en que se definieron la personalidad y los caminos que determinarían el futuro de Abraham Regino Vigo, como hombre y como artista.
Nacido en Montevideo en 1893, comienza, con doce años, a trabajar como aprendiz de su padre —pintor y decorador de obras—, en una Buenos Aires que ya se mostraba opulenta y en rápido crecimiento. En 1910 concurre a los cursos nocturnos de la academia que un pintor italiano, de apellido Pollezzi, dirigía en Av. Callao, entre Lavalle y Tucumán.
Por consejo de su maestro se inscribe, dos años después, en la escuela de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, la primera institución artística creada en el país en 1875 por iniciativa de Eduardo Sívori. En 1912 estudia junto a jóvenes con los que Vigo establece una estrecha relación: Santiago Palazzo, José Arato, Adolfo Bellocq, Agustín Riganelli y Guillermo Facio Hebecquer, este último también uruguayo, quien ese mismo año había instalado un taller en Pedro de Mendoza y Patricios.
En 1916 se integran todos ellos al que sería conocido como Grupo o Escuela de Barracas, al tiempo en que Vigo participa también en el segundo Salón Anual de la Sociedad de Acuarelistas, Pastelistas y Aguafuertistas. Posteriormente y junto con otros artistas funda, en 1918, la Sociedad Nacional de Artistas, Pintores y Escultores, de carácter gremial, como oposición a la Academia Nacional, defensora a ultranza de la llamada cultura oficial o “plástica academicista”.
El momento será de gran importancia para el Grupo, ya que inauguran el “Primer Salón Nacional de Artistas Independientes sin jurados y sin premios”, con participación de 31 artistas; comienzan a publicar artículos —como grupo— en el periódico de izquierda "La Montaña"; Facio traslada su taller al barrio de Parque de los Patricios —desde donde se vincularían con los escritores del Grupo de Boedo—, reducto que pronto se convirtió en una especie de peña artística a la que concurrían Benito Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, un joven Enrique Santos Discépolo y los escritores Juan Palazzo, Elías Castelnuovo, Gustavo Riccio y Enrique González Tuñón.
Su formación intelectual y la realidad en la que conviven contribuyen a unirlos en sus concepciones políticas. Así como las lecturas de las obras de escritores rusos y franceses ejercieron su influencia, la expansión internacional de las ideologías comunista y anarquista —a la que adhirieron— y el contexto social en el país que, desde principios de siglo, daba lugar a la lucha de clases y emergía en sucesos a menudo sangrientos, hicieron las veces de amalgama.
En 1920, en la trastienda de un local ubicado en la avenida Boedo 841, se fue formando una tertulia de escritores, plásticos y gente de teatro vinculada de una u otra forma al barrio. En los fondos del mismo edificio Antonio Zamora instaló, a partir de de 1924, su redacción con talleres, en la vieja imprenta La Internacional, que pasó a llamarse Editorial Claridad.
Elías Castelnuovo, Roberto Mariani, Leónidas Barletta, Nicolás Olivari, Gustavo Riccio, Juan Guijarro y Alvaro Yunque constituyeron el primitivo grupo Boedo, al que se agregaron otros más jóvenes.
La comunión de ideas y proyectos entrecruzó los dos grupos, el literario y el plástico. Castelnuovo define, con maestría, la razón de dicha identidad: “El hecho de que Boedo tomase como materia prima de sus inquietudes espirituales a la clase trabajadora, no se debió puramente a una determinación estética, sino a que la mayoría de sus componentes procedían de esa clase, y trabajaban o habían trabajado manualmente hasta esa fecha. Así, por ejemplo, Agustín Riganelli era tallista; Roberto Arlt, gomero; Nicolás Olivari, peón de almacén; César Tiempo, repartidor de soda; Roberto Mariani, oficinista […]; Abraham R. Vigo, José Portogalo y Antonio Gil, pintores de paredes; y Manuel Rojas, en el momento de ser premiado conmigo en el concurso organizado por 'La Montaña', ocupaba una plaza de linotipista en la editorial donde yo ocupaba otra […]”.
La Editorial Claridad contó con la colaboración del grupo “de los Cinco”, especialmente Vigo, que desarrollaría a lo largo de los años una importante obra como ilustrador, innovadora en el campo del diseño gráfico.
Mientras tanto, continúa trabajando y exponiendo en el IV Salón Anual de la Sociedad de Acuarelistas, Pastelistas y Aguafuertistas y en el VIII Salón Anual de la Comisión Nacional de Bellas Artes. En 1920 junto a Arato, Facio y Riganelli expone 20 pinturas y 13 grabados en el Salón Costa.
En 1927 el grupo, ya conocido como Artistas del Pueblo, inicia una nueva experiencia al participar en la fundación del primer teatro independiente de la Argentina, Teatro Libre. Sus proyectos se concretarían en el siguiente año cuando, ahora con el nombre de Teatro Experimental de Arte (T.E.A.), ponen en escena en el Ideal la obra de Castelnuovo “En nombre de Cristo”, con la compañía de Angelina Pagano. Vigo diseña y ejecuta los decorados y mobiliario en una faceta de artista-obrero que será una constante en su vida.
Su tarea escenográfica prosigue en los siguientes años tanto en T.E.A. como en el Teatro del Pueblo fundado por Leónidas Barletta; el Teatro Proletario con puestas en escena en los teatros Liceo y Marconi y en distintas salas comerciales. Es que su concepción escenográfica, alejada del naturalismo y cercana al expresionismo, había causado un gran impacto tanto en las puestas como en la Exposición de maquetas y escenografías que realiza, en 1928, en Amigos del Arte.
En los siguientes años continúa su labor como pintor, grabador y escenógrafo e incursiona en el diseño y construcción de juguetes y juegos didácticos. Ya para entonces, el momento histórico que se vivía revestía características de excepción: guerra civil en España; Mussolini en Italia por más de una década, y Hitler que, como canciller de Alemania, ya mostraba sus propósitos de dominio que, en breve, desencadenarían la Segunda Guerra Mundial.
Seguramente por eso, sus grabados muestran el profundo dolor que le provoca los que sufren hambre, miseria y discriminación racial, religiosa o política. Los títulos de las obras nos dan la clave: La quema; Por rojos; Por judío; Por negro.
En 1938, razones de salud lo llevan a viajar junto con su familia a Mendoza, donde sigue su trabajo y envía a salones obras que reciben variados premios. Además realiza muestras individuales en distintos puntos del país. Crea un teatro de títeres con el que da funciones en las chacras y, como su vocación gremial se mantiene intacta, prontamente funda una filial de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, con la que organiza salones de acuarelistas y grabadores y exposiciones en las provincias cuyanas. Por este tiempo, ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se afilia al Partido Comunista, del que será candidato a diputado provincial en 1940, tras adoptar la ciudadanía argentina.
Hasta 1947, año en que mejorada su salud regresa a Buenos Aires, sigue exponiendo y obteniendo premios y distinciones, ya volcado casi totalmente al grabado. De esa época son los premiados Campesina, el aguafuerte Faena, la acuarela Pescadores, el aguafuerte Fin de jornada y el aguafuerte Pan y dulce.
Se radica en Banfield y sigue trabajando: participa en más de 30 salones y exposiciones colectivas y realiza siete muestras individuales, obteniendo nuevas distinciones.
En 1957 su vieja enfermedad pulmonar se agrava, pero aún tiene tiempo para exponer en la Galería Julio de Banfield, en el Salón Anual de Santa Fe y en el Teatro Solís de Montevideo, donde realiza una muestra de 56 grabados organizada por la Comisión Nacional de Bellas Artes. Es un artista reconocido en el país e internacionalmente, y existen obras suyas en el Museo de Cultura de Moscú, The Riverside Museum de Nueva York, los Museos de Montevideo, de Budapest en Hungría, de Bucarest en Rumania, de La Habana en Cuba, de Jerusalén y de Tel Aviv en Israel, de Varsovia en Polonia, de Sofía en Bulgaria y de Leipzig, Alemania.
Abraham Regino Vigo, notable cultor de su arte y comprometido militante del campo político y social, fallece el 27 de julio de 1957.
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Abraham Vigo: Autorretrato (grabado).