8 feb. 2011

La ciudad de los chochamus


 (De Germán Cáceres)

Se llamaba Oscar Conti,  nació en 1914 y murió en Buenos Aires en 1979. Estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes y diseño escenográfico en la Academia  Superior de Buenos Aires. Colaboró en las revistas Cascabel, Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar, Doctor Merengue, La Hipotenusa, Satiricón, Mengano, Humor, Media Suela, Billiken, el diario Clarín, Ja, Ja (México), Últimas Noticias (Chile) y otros medios del país y del exterior. Antes de debutar en 1942 como dibujante en Cascabel con “Camouflage”, realizó láminas para maestros y confeccionó etiquetas de celofán. También fue letrista del diario Crítica.
Otro de los puntos destacados de su trayectoria es su colaboración durante más de veinte años con el humorista Carlos Warnes, que firmaba con el heterónimo de César Bruto, un periodista que escribía sobre los más diversos temas con faltas de ortografía porque era casi analfabeto. También formaron una dupla en Rico Tipo para la sección “Versos & Notisias” (sic), Gran Diario de todos los miércoles, y realizaron los Cuadernos de medicina, un encargo de una empresa farmacéutica, que dio lugar a El Medicinal Brutoski, que refiere antiguas y ridículas recetas. Más tarde Oski publica Comentarios a las Tablas médicas de Salerno.
Tuvo a su cargo una sola tira, Amarrotto, que, de acuerdo a Gociol-Rosemberg, “es un extraño personaje con forma de zanahoria humanizada”. Luciendo una síntesis gráfica extrema, en el último cuadrito una ocurrencia del personaje denotaba su extrema y delirante avaricia.
Más que a la historieta Oski se dedicó al cartoon, es decir al humor de cuadro único, y su propuesta posee un tinte lunático y absurdo. Por ejemplo: a un actor le disgusta su público y entonces le tira tomates.
En El ñopeque quésloqués de los chochamus, Oski ilustra varios términos del lunfardo. Como señala en el prólogo Juan Bautista Devoto, nuestro artista “expone una extensa galería del lenguaje porteño y se la da chanta, con el tejo de la buena, a este universo alienado que nos rodea”. Su dibujo hecho de pocos trazos privilegia la línea, que parece retorcerse y temblar buscando la expresión. Los personajes ostentan una enorme nariz, y la boca –cuando aparece– se la representa por un trazo; exhiben, además, piernas delgadísimas y ojos saltones, características que se manifiestan en toda su obra. Las habitaciones se ven desprolijas, sucias, destartaladas y en completo desorden, y en este registro hay una estética compositiva, un viaje por una pesadilla que no termina de asumirse como tal. Allí reside la epifanía de su arte: al ilustrar la palabra “troesma” (maestro) se ve a un ladrón que intenta abrir una caja fuerte, y define a “jotraba” como “esfuerzo humano generalmente dedicado a la producción de riqueza”, en tanto un delincuente golpea a su víctima.
En El humor más negro que hay, aparece un nota del diario Noticias que revela, entro otras, la injusticia del inmigrante polaco a quien, en la Argentina, después de quererlo estafar, lo amenazaron con meterlo preso.
En Vera historia de Indias, los notas son serias, pues corresponden a descripciones de cronistas de la época de la conquista de América. Pero un cuadro humorístico que representa a los pescadores del Río de la Plata produce desconcierto. El panorama es abigarrado y todos los personajes, hasta los más lejanos y pequeños, reflejan un universo tan autónomo e independiente como insólito (por ejemplo, hay gente que pesca parada sobre un caballo que nada en el río). Como en todas sus viñetas, abundan los detalles exóticos: soles infantiles, árboles, pajaritos, perros, flores, piedras, ornatos con filigranas.
En Maestroski, las “Predicciones Oski para cada signo del Zodíaco” se desarrollan en una serie de doce cuadritos que deslumbran por su inventiva. En “Los grandes inventos”, Oski comprueba su formación académica en pintura y escenografía. “Precursores de la aviación” prosigue con la misma tónica (hay un intento de nadar en el aire).
En Vera historia del deporte, la galería de boxeadores es desopilante y los cuadritos de esgrima son de una estilización tan irracional que bordean la exquisitez.
Oski también incursionó en el cine. El negoción (1959), de Simón Feldman, que lo cuenta como guionista junto a Juan José Barrenechea y el realizador.
Una lámina de Oski fue la base para que Fernando Birri filmara su célebre cortometraje La primera fundación de Buenos Aires (1959): en ella Oski plasmaba múltiples acciones, como si se tratara de una viñeta-página.
El genial grafismo de Oski ocupa un lugar solitario en la historia del arte, porque es único y privado, propio de un ser iluminado y poblado por los sueños. Como sus personajes, se sentía perplejo ante el mundo insano que contemplaba, y decía: “Ahí está el problema de la soledad, la angustia del que está solo”.
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Imagen: “Malevo”, dibujo de Oski.