14 sept. 2012

Leopoldo Marechal




(De Enrique Espina Rawson)

Alrededor de veinte años le llevó a Leopoldo Marechal concluir su “Adán Buenosayires”. No tuvo éxito, ni casi repercusión, salvo algunos juicios críticos, como el de Julio Cortázar y Rafael Squirru. Cada obra tiene su tiempo. El de Adán Buenosayres, pese a todo, no termina de llegar, y al día de hoy, a pesar de los años, la novela, tal vez la más importante de nuestras letras, no ha logrado la consagración total largamente merecida. Sí, de la crítica. Es que no era fácil, ni acaso lo sea nunca, entender ese lenguaje entreverado, a veces hermético, otras humorístico, plagado de claves referidas a antiguos compañeros, de simbolismos judíos y católicos, de códigos arrabaleros y de arrebatos místicos.
Si no es difícil ver en el astrólogo Schultze a Xul Solar, y a Jorge Luis Borges en Luis Pereda “fortachón y bamboleante como un jabalí ciego”, otros pasajes, opulentos y deslumbrantes son casi inabordables para la lectura ocasional. Da la sensación, a veces, de una obra que contiene varias obras, integradas por error en un mismo volumen bajo un mismo título.
El “Viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia”, con pasajes enigmáticos y otros de un humorismo delirante, y en el que se ha querido ver una parodia de la Comedia de Dante Alighieri, es quizás el más popular de los capítulos de la obra. Los relatos del campo bonaerense, ubicados en Maipú, revelan, además de la inigualable maestría de la escritura, un profundo conocimiento del medio y las costumbres locales, que después volcaría en su obra de teatro “Antígona Vélez”, recreación de la tragedia griega trasladada a la llanura argentina.
Salvo el itinerario a Cacodelphia, que se inicia por los entonces desolados aledaños a puente Saavedra y hasta los que solía llegar Borges en sus homéricas caminatas, el barrio de Adán Buenosayres es Villa Crespo, y donde, en un momento cumbre del relato, ángeles y demonios pelearían por su alma frente a la iglesia de San Bernardo.
Casitas modestas, mercerías de barrio, alguna cantina, baldíos, empedrado en algunas calles eran todo el ornamento de la vasta zona mencionada en tantos poemas populares, y que dio nombre al popular personaje de “El conventillo de la Paloma”, de Vacarezza.
Porque antes, Villa Crespo, el barrio de Celedonio Flores y el mismo Alberto Vacarezza, había sido zona de guapos. Borges consigna en “Evaristo Carriego”, un fragmento de un curioso tango, del que no menciona el título y que acreditaría este aserto. Aquí va: “¿Dónde están aquellos hombres y esas chinas,/ Vinchas rojas y chambergos que Requena conoció?/ ¿Dónde está mi Villa Crespo de otros tiempos?/ Se vinieron los judíos/ Triunvirato se acabó…”.
Marechal, (1900-1970) se vincula en sus inicios como poeta con los grupos vanguardistas de "Proa" y "Martín Fierro", relacionándose con Borges, Güiraldes, Brandán Caraffa, Pablo Rojas Paz, Raúl González Tuñón, y tantos otros ya clásicos de nuestras letras.
Viaja a Francia en 1926 y en 1929, y allí convive con los artistas argentinos que integraban el llamado “grupo de París”: José Fioravanti, Horacio Butler, Héctor Basaldúa, Raquel Forner, Lino Eneas Spilimbergo, Antonio Berni, y es en esos años que comienza su “Adán Buenosayres”, que será publicado recién en 1948.
Su adhesión al peronismo lo distancia de sus antiguos compañeros, generalmente enrolados en la oposición, y se atribuye a estos desencuentros el silencio posterior sobre su nombre y su obra.
La producción de Marechal abunda en títulos, desde “Odas para hombre y mujer”, libro de poesías que logró el Primer Premio Municipal de 1929, pudiendo citarse en este género “Cinco poemas australes” y “Heptamerón”. En novelas, “El banquete de Severo Arcángelo” y “Megafón o la guerra”, apasionantes.
Además de la ya citada “Antígona Vélez”, produjo para teatro “La batalla de José Luna”. Ambas fueron llevadas a la ópera por el músico Juan Carlos Zorzi, y estrenadas en el teatro Colón en la década del 90.
Leopoldo Marechal uno de los nombres insignes de nuestras letras, murió en Buenos Aires. Su escritura, que es estudiada desde hace años en nuestro país y en el extranjero, ha dado lugar a numerosos trabajos y ensayos, que hablan de la creciente valorización que su obra suscita en las nuevas generaciones literarias.
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Imagen: Leopoldo Marechal, en una foto del año 1965.
Material tomado del sitio Fervor x Buenos Aires.