23 sept. 2010

Buenos Aires mítico

 

(De Carlos Penelas)

Lo moderno se contenta con poco.
Paul Válery

Es absurdo afirmar que todo tiempo pasado fue mejor. O que existe un mundo ideal o una ciudad ideal. O una mujer, un pueblo, un vecino. Las cosas tienen sus movimientos, sus contradicciones, sus cambios. Y, desde ya, sus lecturas. Las injusticias sociales, la corrupción o el contrabando configuran historias. Sucede que a veces se ven más o están a la vista. De todas maneras lo que venimos viviendo los argentinos es de una decadencia significativa. Se me señalará otros países. De acuerdo. Pero convengamos que desde hace por lo menos cincuenta años las simbologías se deslizan peligrosamente, sobre todo en estos últimos treinta, producto tal vez de los veinte anteriores. Que el mundo es caótico y que además los valores han cambiados significativamente. Sin duda. Pero lo cierto es que estamos rodeados de miseria, de degradación, de crímenes, de violencia, de suicidios. La hipocresía como la negligencia parece no tener límites. Por arriba y por abajo. Sí, usted tiened razón, hay ejemplos peores. Desde los cartoneros o la prostitución infantil hasta intelectuales que empiezan a vender parte de sus bibliotecas para sobrevivir. Desde la crisis de la educación y la salud hasta el derrumbe emocional de cientos de miles de seres que habitan este territorio. Para la gran mayoría sin esperanza, sin salida, sin futuro. Como pobres diablos se imaginan que algo cambiará. Se conforman entre la resignación y el silencio, entre la limosna y la difamación. En la mirada la terrible tristeza de los condenados.
Albert Camus escribió en La peste, que "el modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja, cómo se ama y cómo se muere.". La clave está al alcance de todos, falta voluntad y valor para ver. Observemos ahora un Buenos Aires del pasado, no idílico pero sí con tendencias importantes. Diferente a ciertos proyectos que en estos tiempos nos quieren vender la publicidad, los grandes centros comerciales, o ciertos barrios privados.
Eugène Courtois y Carlos Thays materializaron en nuestra ciudad la imagen del espacio público verde de París. Los continuaron Benito Carrasco y Carlos León Thays (hijo). Carlos Thays, el más grande paisajista argentino nos legó lo mejor de la imagen urbana que hoy tenemos. Fue el creador del Jardín Botánico. Del Parque 3 de Febrero, del Barrio Palermo Chico, de la avenida Figueroa Alcorta, las Barrancas de Belgrano, los parques Ameghino, Centenario, Chacabuco, entre otros. Las plazas Rodríguez Peña, Francia, del Congreso, Britannia, etc. Y las remodelaciones del parque Lezama, el parque Avellaneda y todas las plazas de la ciudad. Benito Carrasco introdujo el concepto de la misión social. Canchas de tenis, de fútbol, piletas de natación, etc. Organizó junto a Clemente Onelli, director del Zoológico, la producción de los paseos públicos (se cosechaban aceitunas y se hacía aceite, se producía leche en las cabrerías y vaquerías municipales; todos estos productos se distribuían en los hospitales públicos). Se creó el Museo, la Biblioteca, el Gabinete Fotográfico del Jardín Botánico, la Escuela de Jardinerìa. Y más.
En 1912, Eduardo Schiaffino, primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, viajó a Trieste y pudo adquirir unas ruinas bizantinas (siglo VI de la era cristiana) y fueron instaladas en el Zoológico de Buenos Aires. Allí están, al lado del lago Darwin. La historia es larguísima y ya se escribió.
Tenemos todavía relojes admirables en toda la ciudad. En parques, en edificios con bellísimas cariátides, en escuelas anónimas. Hay uno, construido en Italia teniendo como modelo el que preside la plaza de San Marcos, de Venecia. Está en la plaza del Congreso, corona el edificio que fue el Instituto Biológico y luego de la Lotería Nacional, en la avenida Rivadavia al 1700. Es la pieza más valiosa de la ciudad.
A esta síntesis podemos agregarle el nacimiento de editoriales populares, la nueva literatura, las publicaciones de revistas tipo magazine o revistas ilustradas, el teatro, el arte del filete (tiene su origen en el italiano "filetto") en carros, chatas y todo vehículo con tracción a sangre, la inmigración gallega con personalidades creativas y llenas de encanto. La judía, la árabe, la inglesa, la alemana. Esto es apenas un brevísimo bosquejo. "Hay que cuidarse de decirles a los viajeros que a veces las ciudades diversas se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre nacen, mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí". Esto lo escribió Ítalo Calvino.
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Imagen: Edificio de la administración en el Jardín Botánico.
 Extraído del libro Fotomontajes, Bs. As, 2009.