24 sept. 2010

¿Qué hacemos con los pibes de la pobreza?


(De Roberto Díaz)

Y sí. Este sistema de cosas es cruel, es perverso. Sucede con nosotros lo que sucede con los demás animales. Algunos tienen la suerte de caer en hogares donde los cuidan y los alimentan y otros, pobres, andan por las calles, por los techos, a la intemperie, buscándose la comida como sea, maltratados, perseguidos, golpeados y matados. Sí. Este sistema es cruel, es perverso.
Y pasa lo mismo con nosotros; hay hombres que nacen en cuna de oro y otros que nacen en medio de la pobreza. Unos tienen existencias dichosas y los otros, existencias desgraciadas. Unos conocen todos los estadios del placer de la vida; los otros, las hieles y las sobras.
Cuando Diego Armando Maradona fue a parar a una clínica psiquiátrica, recordé la vida desdichadas de tantos deportistas. Hombres que venían de hogares muy humildes, de pelearles, desde pibe, al hambre y al infortunio. Diego dijo, una vez, algo que me conmovió: "Dios me dio una patada en el culo y me envió desde Villa Fiorito a la cima de la montaña", y allí se quedó: solo como todos los ídolos.
El Deporte ha dado ejemplos del destino de muchos de estos pibes que venían de la pobreza. Y muchos de ellos cayeron en tentaciones non santas y fueron utilizados por los mercaderes y arruinaron sus vidas por no saber qué hacer con la fama y el oropel.
Es la vieja historia de los ídolos, de los ganadores. Se quedan solos de afectos, rodeados por los alcahuetes y "vividores", dilapidan lo que han ganado, se empobrecen otra vez y mueren en el olvido, en las sombras.
Mientras escribo esto, recuerdo a Omar Orestes Corbata, uno de los jugadores más extraordinarios que vi; llenó de belleza, de imágenes lujosas mis ojos, las hinchadas lo amaban, lo ovacionaban, le hacían sentir su admiración.
Corbata venía de un hogar humilde, había mamado la vida en los potreros de Chascomús, había gambeteado, como sólo él sabía hacerlo, todas las acechanzas fuleras y después llegó el trinfo, la idolatría, la plata, las putas, el alcohol, los "amigos del campeón".
Y le llamaron "Loco" como se le llama a todos los talentosos y lo llenaron de adjetivos glamorosos. Pero ese "Loco" terminó con su joven vida en una cama del Hospital Fiorito; los médicos, apiadados, le alargaban el tratamiento para que tuviera un lugar donde quedarse. Y se fue y el mundo siguió andando...
Insisto: los ejemplos son innumerables de pibes que, viniendo de la pobreza, terminaron muy mal en la riqueza. Otros, más fuertes tal vez, mejor aconsejados tal vez, más sumisos tal vez, lograron salvarse. Pero, reconozcamos, mientras haya pobreza, corremos el riesgo de fabricar gente desdichada. Estoy hablando de ejemplos notorios, pero, ¿y los anónimos, los que andan por las calles, los que duermen bajo los puentes, en los zaguanes, los que piden una moneda, los que abren la puerta de los taxis, los que vagabundean por los andenes, los que terminan maltratados, violados?
¿Qué hacemos con los pibes de la pobreza? Y estoy seguro que, desde algún lugar, Justo Suárez, Gatica, La Motta, Monzón, Usuriaga, Bonavena, Garrincha, Corbata y miles más mueven las cabezas y también preguntan. Sí. ¿Qué hacemos con los pibes de la pobreza?
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Imagen: Formación de una nueva villa miseria en Buenos Aires. (Tomado de: new.taringa.net)