9 sept. 2010

Florencio Sánchez, en la estatua de Riganelli


(De Oscar Hermes Villordo)

Vienes con una mano sobre el pecho,
con una mano fina que descansa
bajo una luz de resplandor rehecho,
hacia la esquina que tu pie no alcanza.

Te vigilan, oh imagen fatigada,
árboles de contorno destruido,
entre la niebla de la madrugada.
Lejos pasa un tranvía con su ruido.

El agua corre y brilla entre las vías.
En tus hombros, las gotas de rocío
se deslizan, dibujan sus estrías.
Estás solo. Ya no hay hambre, ni hay frío.

El viento mueve el foco de la esquina.
El foco que se enciende, que se apaga.
Tiemblan las venas de tu mano fina.
Debajo de tu mano hay una llaga.
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Estatua de Florencio Sánchez
en su primitivo emplazamiento en la plazoleta central de la hoy avenida Chiclana
(Foto R. Rey, 1971).