30 sept. 2010

La rubia Mireya


(De Ricardo Llanes)

La versión evocadora del "Café de Hansen", siempre ha resultado inseparable del recuerdo de la rubia Mireya; y puede asegurarse que la imagen de ella forjada por la canción, contribuyó a la renovada, como constante, nombradía del histórico café. Pero, así como existió la desventurada María Ester, heroína del tango "Milonguita" de Samuel Linning y Enrique Delfino, la figura de la rubia Mireya, ¿fue tomada de la realidad o sólo respondió a la imaginación creadora del autor de "Tiempos Viejos"? Deberíamos inclinarnos por esto último después de leer otro de los párrafos de Manolo Castro, el notable cronista fallecido en 1947. "La gente de hoy -escribía- cree conocer el 'Café de Hansen' a  través de  un tango y de una película cinematográfica, cuyo autor confiesa no haberlo conocido"; sin embargo, conocemos un viejo antecedente que nos trae el recuerdo de una mujer que pudo o no tener relación con el "Café de Hansen", pues era bailarina de actuación nocheriega en la primera década del siglo pasado y con idéntico apelativo. Es posible que todavía alguna gente del barrio de Almagro, y en particular aquellas familias que allá por el año 1907 se domiciliaban en la cuadra de Castro Barros al 400, pueda hacer memoria de Margarita Verdier (o Verdiet), a quien unos llamaban "la oriental" y otros "la rubia Mireya". Hija de padres franceses, nacida en el Uruguay y mujer de vida irregular, en la clasificadora lengua del vecindario. Tenía fama de "ave nocturna", entregada al "baile de los compadritos", como por entonces se estigmatizaba al tango.
No podríamos asegurar que el autor Manuel Romero conociera a la Margarita de nuestros recuerdos; pero queremos suponer, dado el asunto llevado por él a la pantalla, que tuvo conocimiento de su existencia como de su drama, pues, Margarita Verdier vivió sus últimos días en un largo acto que tenía mucha semejanza como el epilogado por la protagonista de "La Dama de las Camelias". Y, en consecuencia, se nos ocurre pensar que la Mireya del conventillo que se encontraba por aquellos años en Castro Barros 433, por coincidencia de época, condición y apodo, entra en el ancho escenario de la mitología porteña, para confundirse con la otra corporizada en la creencia popular por el tango que le infundiera vida; no siendo todo, por lo demás, sino leyenda repetida, en la que también figura el "Café de Hansen" después de su tan resonante como atrayente realidad.
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Imagen: Altos de la casa de Castro Barros 433, donde según tradición vivió "la rubia Mireya". (Fotografía de Rubderoliv, tomada en el año 2000).