28 sept. 2010

El barrio que casi fue villa


(De Mario Sabugo)

Breve historia, en cinco capítulos, de un pedacito de la urbe.
El Capítulo uno es en 1957: El 1º de enero, alrededor de las 13.30, estalla un calentador a querosén y se incendia la villa de emergencia  de Saavedra, que estaba a lo largo de la calle Ruiz Huidobro. Quedan destruidas unas 500 casillas de madera, chapa y papel alquitranado. Los habitantes van a parar a las estructuras inconclusas del albergue Warnes. Rápidamente, diversas entidades públicas y privadas toman carta en el asunto. Se suceden las reuniones y ya el día 14 de enero la Municipalidad expropia terrenos próximos a la villa quemada para realojar a los damnificados. El barrio se construye en poco más de un año, dentro de un plan del Banco Hipotecario que incluye otros similares en La Matanza, Caseros y Lugano.
Capítulo dos, 1958: El barrio, denominado Presidente Mitre, se inaugura parcialmente el 26 de abril, adjudicándose las unidades terminadas. Según diarios de la época, las casas son "de aspecto alegre y acogedor". Un detalle: las viviendas se otorgan en alquiler. Otro: no se había hecho la ceremonia de la piedra fundamental, ya que las autoridades no desean publicidad antes de concluir las obras.
El Barrio Mitre queda entre las calles Posta, Vedia, Melián, Ruiz Huidobro y los terrenos de la Philips sobre la General Paz. Tiene 324 unidades e incluye un "hueco" central destinado a plaza. Las manzanas son angostas (a la manera de los barrios de "casas baratas") dando numerosas calles longitudinales que han sido parquizadas y que funcionan más como patios comunes que como circulaciones vehiculares, aunque se observa uno que otro auto estacionado. El escueto ancho de estas calles es digno de estudio (¡atención los Kriers vernáculos!), con lo que no se diga que tal "medida" sea sutileza de los proyectistas, sino el efecto impensado de su vocación reductora. Las casas, dispuestas en planta baja, disponen de terreno libre adelante y atrás. Sumando que están hechas en ladrillo, facilitan las reformas y adicciones.
Capítulo tres, 1974: El Banco Hipotecario ofrece a los locatarios adquirir la propiedad de las viviendas. Los inquilinos pasan a ser dueños y, lógicamente, se estimula todavía más la natural tendencia a las mejoras. Las casas crecen, tanto al frente (ampliando el estar o agregando un dormitorio) como al fondo (baños, cocinas, aleros diversos). Aparece el inagotable arsenal decorativo popular, que va individualizando cada sector y cada casa empleando rejas, cerámicas, plantas, balaustradas, imágenes, cercos, muebles de jardín y adornos de toda clase. Mientras que los árboles -y su sombra- se agrandan, el barrio va enriqueciéndose por obra de la gente, dentro de las ganas y recursos de cada cual. Vivir en el barrio se valora debidamente teniendo casa propia, jardín, cercanía a los transportes y -salvo gas natural- todos los servicios. Las cosas no iban tan mal, pero "ahora viene lo mejor"...
Capítulo cuatro, 1977: Por Ordenanza 33.652, el Barrio Mitre es declarado "villa de emergencia". La Municipalidad -y sus asesores técnicos- sostienen que las unidades "no tienen las dimensiones minimas del código", que la construcción "es precaria", que su estado "es obsoleto" y que, en fin, "no alcanza el mínimo de habitabilidad compatible con las exigencias de la ciudad. Asimilado el barrio a una villa, queda por consecuencia sujeto a erradicación. Un nuevo siniestro se cierne sobre el barrio, pero ya no originado en calentadores a querosén, sino en la particular concepción urbanística que campeaba por entonces en Buenos Aires.
Capítulo cinco, 1984: El barrio pudo zafarse de la ordenanza-catástrofe. Sin embargo, en las razones de la misma había algunos datos reales: nada es completamente mentira. En algunos dormitorios, poner las camas impide cerrar las puertas. Los baños son apenas de inodoro, lavabo y ducha. Las cocinas, apenas una mesada agregada en un lado del estar-comedor. Desde luego, el barrio no es ni fue nunca  una villa, sobre todo por el trabajo y el cariño volcados allí por sus habitantes, superando lo poco que se les dio al comienzo de esta historia.
Estos son los curiosos problemas de nuestra arquitectura, B.H.N. incluido. Que los barrios futuros, veinte, o cuarentra años después, no corran, no puedan correr una suerte parecida.
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El barrio Presidente Mitre (Foto tomada del sitio: Panoramio).