1 de sept. de 2010

El monumento a Manuel Dorrego


(De Miguel Ruffo)
 
Los monumentos están vinculados a la memoria, la evocación y el recuerdo. Cuando se dedican a una persona, se piensa en rendirle homenaje y, por sobre todo, en la posteridad. Se intenta que las nuevas generaciones no olviden al homenajeado, porque se lo considera un ejemplo de civismo. Si el arte cumple una función educativa, nada más evidente en este sentido que las esculturas y monumentos emplazados en espacios públicos. Sin embargo, tan bastardeada está nuestra historia, tan apresurado y alocado es el ritmo de vida urbano y tan rudimentaria es la cultura cívica de nuestro pueblo, que muchas veces aquellos no cumplen la función para la cual fueron concebidos.
Nos ocuparemos del monumento al coronel Manuel Dorrego, obra del escultor argentino Rogelio Yrurtia (1879-1950). Al aprobarse en 1885 la erección de los monumentos a Bernardino Rivadavia y a Mariano Moreno, a iniciativa del diputado Federico de la Barra, los legisladores añadieron otro tanto para Manuel Dorrego; pero el proyecto languideció en la Cámara de Senadores. En 1900 y merced a la iniciativa “popular” se formó una comisión, integrada entre otros por Luis Güemes, Roque Sáenz Peña, Adolfo P. Carranza y Alejandro Sorondo, para reinstalar la necesidad de un monumento a Dorrego. En 1905 fue aprobada la ley y después de un concurso se le adjudicó la obra a Rogelio Yrurtia. Toda una serie de vicisitudes (la inflación, la guerra mundial y la falta de materiales) fueron demorando la obra que recién pudo inaugurarse en 1923. La composición tiene por eje un pedestal de granito gris, en su núcleo central se encuentra emplazada una victoria alada, que guía la figura ecuestre de Manuel Dorrego. A los costados las figuras alegóricas de “La Historia” y “La Fatalidad”.
La figura ecuestre de Manuel Dorrego es una de las mejor logradas por el artista. La cabeza es extraordinariamente expresiva. El grupo escultórico está en la pequeña plaza de Viamonte y Suipacha y, cuando Yrurtia lo pergeñó, tuvo muy en cuenta el lugar de su emplazamiento para que se correspondiese el espacio ocupado por el monumento con el cubo de aire que lo rodeaba, como así también las fachadas de los edificios que le sirven de fondo, al destacarse el patinado oscuro de las figuras de bronce, respecto de aquellos. La incivilidad de la que hablábamos al comienzo de nuestra nota, más las especulaciones económicas de la Municipalidad (por entonces el intendente era Carlos Grosso) y los intereses especulativos de determinadas empresas constructoras llevaron a retirar la obra en 1992 para construir una playa de estacionamiento subterránea. Felizmente la iniciativa no prosperó y pocos años más tarde volvió a emplazárselo en su lugar original. Rogelio Yrurtia “siempre sostuvo la tesis de considerar en la ubicación de las obras de arte, su proporción en relación con el cubaje de aire que debía rodearlas y la conveniencia para su valoración que estuvieran cerca de un edifico (importante) como sucede con el Monumento a Dorrego, en la plazoleta de Suipacha y Viamonte” (1).
Finalmente no podemos dejar de señalar que la Comisión que patrocinó este monumento estuvo presidida por Antonio Dellepiane, tercer director del Museo Histórico Nacional y que a éste, en calidad de presidente de la Comisión, le cupo mediar entre Yrurtia y el gobierno en torno a un incremento de las sumas de dinero estipuladas (debido a la inflación y la demora en la ejecución de la obra) y en las leyendas alusivas que se encuentran grabadas en la obra. Dorrego, precursor del federalismo, sigue teniendo su escultura en Buenos Aires; bueno es que lo recordemos porque se refiere a los avatares del federalismo en nuestra historia y de cómo la inserción popular que había logrado, más el nefasto resultado de la guerra con Brasil (1825-1828), le costaron la vida al gobernador de Buenos Aires al ser fusilado por Juan Lavalle en diciembre de 1828.
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(1) “La Nación”, 11 de mayo de 1993.
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Monumento a Manuel Dorrego. Se levanta en la plazoleta de Viamonte y Suipacha.